(mujer, casada, con dos hijos, trabaja, pertenece sindicato y a grupo cristiano)
Comentaba hace un par de semanas lo mucho que le cuesta a la gente ofrecerse para realizar un servicio aunque entiendan que este es necesario. Es triste, pero más triste aún es ver como un representante de los trabajadores se dedica a sacar sus castañas del fuego en lugar de ocuparse en desempeñar lo mejor que pueda sus responsabilidades. Viene a ser como el hijo que le dice al padre: “Voy, señor” pero no fue. No fue ni siquiera a cuidar la viña que le alegraría la comida, ni por la parte de su herencia que se enriquecería por un terreno bien cuidado. Había un trabajo que hacer, un servicio que prestar,… y no fue. ¿Cuál es nuestra respuesta cuando nuestro Padre nos llama a trabajar en el Reino de Dios?