(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Recapacitar y creer.
Nuestros hijos tienen que aprender a ser coherentes y a ser perseverantes en sus retos. Como siempre, el mejor ejemplo de coherencia lo hemos de dar los padres. Si quedamos con ellos en que el domingo vamos al parque para que monten en bicicleta, tenemos que cumplirlo como sea, salvo que haya un problema de fuerza mayor.
Por otra parte, en ese seguimiento cariñoso que les hacemos, tenemos que orientarlos hacia objetivos que les resulten alcanzables, en el convencimiento de que una vez empiecen el recorrido, no han de abandonar en el primer obstáculo. Nuestro cuarto hijo comenzó baloncesto, entusiasmado porque estaba su hermano, y al par de días, al asimilar que había chicos que “le daban un repaso”, ya, casualmente, no quería ir. Su hermano y nosotros le animamos sin agobiarle, y, de momento, vuelve ilusionado a esas clases. Ejercitarse en mantener un compromiso, en este caso baloncesto, más adelante en cosas más trascendentes, incluso en momentos de cansancio o desilusión (a nuestra hija mayor le aburre muchas veces la catequesis pero sigue asistiendo). Que sepan acabar lo que empiezan. Así también es el creer, la fe, un entrenarse en decir “sí” a Padre Dios y mantenerlo.