¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
El bien y el mal. Nos es fácil distinguir la mezcla mirando a las personas que tenemos alrededor. Pero también mirándonos a nosotros mismos. El trigo y la cizaña crecen juntos.
Para actuar desde el Evangelio de esta semana os sugerimos dos vías…
Para con el prójimo: Tengamos corazón de madre. En nuestras relaciones personales, en nuestra Iglesia, en nuestro mundo, hay mucho trigo pero también abundante cizaña. Ejercitemos la paciencia. No juzguemos y condenemos sin más. Recordemos que el mensaje de Jesús se dirigía principalmente a los pecadores. Él nos enseñó a ejercer la misericordia. En el trabajo del servicio al Reino, debemos abandonar el pesimismo y la desilusión. Tengamos esperanza, confianza en el Dios de la vida y en el hombre hecho a su imagen y semejanza. Creamos en sus posibilidades de cambio y de crecimiento. Todos podemos transformarnos, mejorar…Eso no quiere decir que nos crucemos de brazos. La actitud crítica, positiva, constructiva… es necesaria. Pero ejercida desde la empatía, desde saberse poner en el lugar del otro para comprender. El ser humano es bueno por naturaleza. Debemos creerlo. Cuando crece la cizaña es fruto de las vivencias y sufrimientos personales que le llevaron a abandonarse y dejarse arrastrar…
Para con nosotros mismos: Tengamos corazón de juez. Pero no pensemos en un juez duro, implacable, exigente…Sino en uno que escucha en silencio, que razona, que intenta ser justo… Procuremos ser capaces de detenernos, de buscar un espacio amplio, un tiempo dedicado a hacer silencio, a la contemplación. Seamos capaces de distinguir cual es nuestra cizaña, de reconocerla. Pero estemos también atentos al trigo de nuestras buenas acciones… Si distinguimos uno del otro, seremos capaces de hacer la siega. Convertiremos las malas hierbas en manojos que podremos quemar con la conversión, con la modificación de nuestro comportamiento, desde la persistencia, doblegando nuestra voluntad. Seamos conscientes de que nuestras debilidades, nuestras fragilidades siempre van a estar ahí. Pero procuremos no “dormirnos” como sucede en la parábola, para que la cizaña no nos arrastre hacia un camino incorrecto. También podremos recoger los frutos de nuestras buenas obras e intenciones y podremos meterlos en el granero. No solo nos valdrán de alimento sino de buena semilla. Reconozcamos también lo bueno para poder multiplicarlo.
Dios es amor. Intentemos serlo nosotros con los demás y con nosotros mismos. Eso nos llevará a vivir una vida con sentido, llena de gozo y alegría.