¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS JÓVENES
(mujer, joven, estudiante, pertenece a grupo parroquial)
Esta lectura me da un toque, me avisa que aunque haya empezado el verano, todo lo que he conseguido este año que no haya sido en balde. Que aproveche el tiempo estando con los míos, con aquel que lo necesite, sin dejar de lado la vida de fe que he ido formando en este curso.
Me da ánimos para la preparación y para comenzar el campamento que organizamos los jóvenes de mi parroquia. Que aunque a veces se pueda convertir en una “cruz”, vale la pena poder llevar el amor de Jesús a tantos niños que vienen, e incluso sentir Su amor entre todos los que formamos esta pequeña familia.
Me da ánimos para la preparación y para comenzar el campamento que organizamos los jóvenes de mi parroquia. Que aunque a veces se pueda convertir en una “cruz”, vale la pena poder llevar el amor de Jesús a tantos niños que vienen, e incluso sentir Su amor entre todos los que formamos esta pequeña familia.
DESDE LOS ABUELOS
(mujer, casada, jubilada, 3 hijos, 3 nietos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Alguna vez me han preguntado mis nietos “abuela ¿tú a quien quieres más?”, les digo que en el corazón de la abuela hay espacio y lugar para todos. Que cada uno es único e irrepetible. El Señor no nos pide ningún imposible, nos pide radicalidad. De la misma manera que quiero a cada uno de ellos de manera radical, Jesús quiere que lo quiera a Él porque es mi Dios y Señor y como a tal debo amarlo de manera radical. Porque, ¿se puede querer a un padre más que a un hijo? ¿A un hijo más que a un esposo? ¿A un esposo más que un nieto?…. que absurdas e infantiles me parecen estas comparaciones. Pues no, son amores totalmente distintos y ninguno es comparable al otro y ninguno sustituye al otro, y ninguno es ni más ni menos que el otro. Es más no lo hacemos por ninguna paga, es un amor totalmente gratuito, desinteresado. Eso es lo que siento que me pide el Señor: donación sincera y absoluta.