¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Te invitamos a actuar desde el Evangelio de esta semana, con algunas claves concretas.
OPTAR: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí”. Jesús debe ser para nosotros los cristianos nuestro “todo”, nuestra verdad absoluta. Y si lo es, nuestra propia familia recibirá mucho más de nosotros de lo que somos capaces de darles, incluso poniéndolos como centro. Amarle a Él por encima de todo, nos lleva a amar desde Él a todos con radicalidad y entrega.
Dediquemos ratos a la reflexión, para plantearnos hasta qué punto Jesús es nuestro bien más preciado, nuestro valor supremo… Quizás descubramos demasiadas cosas importantes que no nos dejan ponerle como centro. Procuremos entonces encontrar como darle su lugar a Él, renunciando a lo que nos dificulta que lo hagamos…
SEGUIR: “El que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí”. Cuantas veces no vivimos las dificultades desde la serenidad… Cuántas veces, huimos de la cruz, del sufrimiento, de las pesadas cargas del día, nos quejamos y queremos una vida más fácil…. La belleza de la cruz dependerá de los ojos con los que la miramos y de esa percepción dependerá como la acogemos y afrontamos.
Detengámonos a mirar con atención cuales son las cruces que tenemos en este momento en nuestra vida y planteémonos qué hacemos ante ellas. Da un giro a tu forma de “tomar la cruz” si fuese necesario. Recuerda que Jesús vivió desde la confianza su seguimiento (la generosidad, el servicio…) Acoger lo que nos llega es acoger la vida que se nos regala y acoger al propio Jesús que nos enseña a hacerlo.
PERDER: “El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará”. Cuantas veces tratamos de salvarnos a nosotros mismos, sin entregarnos al completo, reservando dones, esfuerzos… Vivimos desde un egocentrismo que nos ahoga (mi casa, mi coche, mi descanso, mi….) y que nos lleva a la soledad…Ofrécete durante esta semana especialmente, con todo lo más valioso que tienes (tiempo, escucha, bienes materiales, trabajo…) a aquellos que van llegando a ti a través de tu pensamiento o porque están presentes en algún momento del día. Y si descubres que es en muy pocas situaciones o en ninguna dónde sientes que tienes que perder la vida por los demás, quizás debes asumir que no sabes ver las necesidades o que no quieres verlas… Entonces plantéate por qué, prefieres “salvar” o guardar tu vida en lugar de ofrecerla o perderla. Quizás tengas que curar o enfrentar antes aquello que te dificulta darte (el miedo, la pereza,…)