DESDE LOS ABUELOS

(matrimonio, jubilados, siete nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

Mateo, en el Evangelio de hoy, nos da la verdadera dimensión de la generosa misericordia de Dios, en lo cual, para nuestro consuelo y esperanza, las Escrituras son pródigas y en muchas ocasiones no llegamos a profundizar en sus significados porque siempre o casi siempre la enjuiciamos bajo un punto de vista material y egoísta: “Yo, el primero, yo más que nadie, a mí me corresponde más…” y cosas por el estilo. Rara vez miramos estos relatos desde la postura de un padre, no digamos de El Padre Celestial, sino de un padre de aquí abajo; ¿todos los hijos se comportan, con respecto a los padres, de la misma manera?. Los que somos padres sabemos que no y a pesar de eso, todos ocupan un lugar en nuestro corazón y aún más el que más necesitado esté de protección y atenciones. ¿Cómo no va a ser infinitamente más misericordioso nuestro Padre Celestial?. En la primera lectura de hoy, Isaías lo dice bien claro, Dios se aleja, afortunadamente, del patrón humano, pues sus planes no son nuestros planes ni sus caminos nuestros caminos.
Nosotros que, por desgracia, fuimos educados religiosamente en el temor, como si Dios fuese un verdugo que nos estaba esperando, con el hacha preparada a la vuelta de la esquina, por si cometíamos alguna falta para segar nuestra vida y condenarnos al infierno eterno, tratamos de transmitir a nuestros nietos la imagen de un Dios-Padre generoso, amante de sus hijos, misericordioso, capaz como el buen pastor de dejar al rebaño por ir a buscar a la oveja perdida, ya que creemos que así se sentirán más llamados a imitarlo y permanecer en sus caminos.


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