(matrimonio, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)
¡Qué extraño y difícil me resulta este Evangelio cada vez que lo leo!
Está clarísimo, ¿cómo va a cobrar lo mismo el que apenas ha trabajado que el que ha sudado durante todo el día? Al Señor se le han trastocado las ideas…
Está claro que el que comenzó a primera hora de la mañana ha trabajado más, pero se ha centrado en esta idea, en el número de horas trabajando, y no ha pensado que quizás el que ha sido contratado a última hora puede llevar días sin encontrar trabajo y su situación sea muy complicada. Ni siquiera se ha preocupado por conocerlo.
Muchas veces me pregunto estas cosas respecto a mis compañeros. En mi empresa, aunque ya la situación está algo más regulada, aún queda gente que trabaja más horas de las contratadas, que trabajan en casa o incluso que comparan (exigen) con el trabajo que hacen los demás. Me pregunto si es por exigencia (propia o ajena), por su carrera profesional o por su situación personal.
Una amiga me contaba que el trabajo en América Latina parecía tener un matiz distinto. Allí eran mucho menos productivos, pero es que a cambio conocían a sus compañeros, tenían una relación humana. Aquí tendemos a ser muy productivos eliminando el tiempo dedicado a las relaciones personales. Y el trabajo es una parte muy importante de nuestra vida (no hay más que calcular el tiempo que le dedicamos) como para ser un tiempo deshumanizado.