SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, trabaja, 2 hijas, colabora con varios proyectos sociales, pertenece a comunidad cristiana)

“Paz a vosotros”. Que frase más maravillosa, más profunda, llena de tanto significado en un mundo tan repleto de injusticias. A día de hoy, creer en ella, es un ejercicio de fe en mayúsculas. PAZ a pesar de las guerras. PAZ a pesar de tanta violencia gratuita. PAZ ante tanta corrupción. PAZ ante la mayor crisis de refugiados desde la 2ª Guerra Mundial. PAZ ante tanta hambruna. PAZ ante tanto desarraigo en valores. PAZ ante tanta competitividad. PAZ ante tanta desigualdad. PAZ. Pero para querer la Paz hay que luchar, creer, soñar con cambiar las situaciones que no la hacen posible. En nuestro trabajo, en nuestra familia, en cualquier ámbito, debemos dar testimonio de paz, denunciando, sensibilizando ante todo lo que se opone a ella y defendiendo los intereses de los más desfavorecidos.  Esto es, para mí, luchar por la Paz, la Paz de Jesús.

DESDE UNA VIDA NUEVA
(mujer, casada, acaba de ser madre por primera vez, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar) 

La llegada de nuestro hijo ha supuesto una gran felicidad para nuestro matrimonio ¡Hemos dado vida! Dar vida es un proceso, igualmente nacer como madre y convertirse en una también lo es. Por eso, también ha traído consigo una serie de miedos. No naces sabiendo qué hacer. Por supuesto que está el instinto, y tenemos el ejemplo de nuestra madre, abuelas, suegra, hermanas de comunidad, etc. Sin embargo, hay cosas para las que no te preparas (y eso que durante el embarazo nos creíamos convencidos de estar súper preparados) y es que son muchos los momentos de miedo ¡es tan chiquitín e indefenso!, momentos de dudas ¿lo estaré haciendo bien?, momentos de cansancio acumulado ¡no puedo más, necesito dormir!, de frustración ¡no quiere comer! … Estamos inmersos en una etapa llena de cambios y trabajo, mucho trabajo. La responsabilidad, en ocasiones, me llega a abrumar y a hacerme sentir que no puedo con todo. Como los discípulos me encierro en casa “con las puertas cerradas por el miedo”. En esos momentos donde más miedo tengo, donde todo está muy oscuro apareces Tú llenándolo todo de Paz.
En este domingo de Pentecostés me siento invadida por el Espíritu y le pido que con su fuerza me ayude a ser mejor madre, con menos miedos, a ir aprendiendo cada día cómo ser lo mejor para mi hijo…Esta misión a la que me siento enviada -como muchas otras personas que cuidan y educan a sus hijos desde la fe- forma parte de las cosas normales, del día a día pero ¿Acaso no es aquí donde se vive el amor de Dios que recibimos con el Espíritu Santo?


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