¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, trabaja, 2 hijas, colabora con varios proyectos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
En esta semana me paro a pensar en qué difícil es llevar a cabo la frase de Jesús del Evangelio de este domingo, “si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Para cualquier cristiano es muy difícil cumplirla cuando además vivimos en un ambiente totalmente privilegiado. No necesitamos a Dios. Es más, sobra. Nos compromete a algo que cuesta cumplirlo. Y luego pienso, la cantidad de gente que vive alejada de tanto privilegio. Gente que vive intentando sobrevivir día a día. A veces pienso que las personas que sufren, cuyo único propósito desde que se levantan es poder sobrevivir al final del día, en realidad no es tan importante que guarden todos los mandamientos al pie de la letra, porque la vida es tan complicada para ellos que Dios, AMOR en mayúsculas, perdonará sus errores y les concederá esa buena vida que nunca tuvieron.
DESDE UNA VIDA NUEVA
(mujer, casada, acaba de ser madre por primera vez, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
El evangelio de este domingo es probablemente uno de los más complicados de comentar desde que comenzamos a realizar nuestras aportaciones y me parecía que iluminarlo desde la maternidad lo era más aún. Hasta que he reparado en un detalle que recorre toda la lectura: la preocupación por los hijos.
Desde que nació el peque de la casa nuestra lista de prioridades ha cambiado drásticamente y me doy cuenta cada día de lo frágil y dependiente que es. Necesita de nuestra ayuda para prácticamente todas las cosas importantes. Y precisamente desde esta perspectiva entiendo mejor el evangelio del domingo; Dios -como buena madre que es- sabe que necesitamos de su ayuda para crecer y madurar, para desarrollarnos plenamente. Por eso precisamente nos ha dado su presencia diaria a través del Espíritu como las madres que estamos atentas a lo que nuestros hijos necesitan para crecer sanos y fuertes.
DESDE LA NOVEDAD DEL MATRIMONIO
(matrimonio reciente, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Cuando comenzamos nuestra andadura de matrimonio principiante, nos parece en muchas ocasiones que las exigencias son demasiadas, desmesuradas, casi imposibles de cumplir. Nos encontramos tantos ámbitos en los que nos toca ir a contracorriente, que recordamos las palabras de aquel salmo: ¿cómo podrá un joven llevar una vida íntegra?
Hoy nos habla Jesús resucitado en la Palabra para recordarnos, una vez más, que esto no es sólo cosa nuestra. Nos dice que no nos pedirá en nuestro matrimonio nada que sea imposible, porque Él estará siempre con nosotros, y para Él no hay nada imposible. Vendrán desafíos, exigencias, dificultades; pero permanecerá la promesa de Jesús: no nos dejará huérfanos para vivir sus mandamientos: tenemos con nosotros al Espíritu.