DESDE LO SINDICAL

(mujer, casada, con dos hijos, trabaja, pertenece sindicato y a grupo cristiano)

Me viene a la memoria una cita que decía mi abuelo y que me recuerda mi madre cuando le cuento mis avatares como representante de los trabajadores. Y me imagino que si mi abuelo fuera contemporáneo de Jesús y este le contara que Él, ¡el Hijo de Dios!, debía ser crucificado para que los que crean en Él tengan vida eterna, le soltaría: “cargos merezcas y no los tengas”.
Y es que, cada vez que se acercan las elecciones sindicales, nadie se quiere presentar. Aunque luego todo el mundo reclame que existan representantes que defiendan sus intereses laborales, sospechan los quebraderos de cabeza que puede dar realizar esta tarea, o tienen miedo a lo que puede suponer… o a que la cruz sea demasiado pesada…
Quizás sólo es posible entender que alguien quiera desempeñar esta labor -como muchas otras- desde el servicio. Fijemos los ojos en Jesús. Él es nuestro mejor ejemplo de entrega por los demás.


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