¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Estas palabras de Jesús siempre me desarman por que me hacen cuestionarme mucho la medida de mi amor hacia los demás. Nos movemos la mayoría de las veces en “terreno amigo” es decir, la familia, los amigos, vecinos, conocidos de la parroquia, compañeros de trabajo… Y a pesar de ello, ahí ya nos cuesta amar…
La “confianza a veces da asco” en casa, con la familia, pero sabemos que tenemos un “colchón bastante amplio” en el que caben las pequeñas disputas o los malos modos por que sabemos que tarde o temprano la reconciliación es más o menos fácil.
Con los amigos, nos perdonamos casi todo. Con los conocidos, al tener un poco de educación, las relaciones son más que llevaderas. Pero,¡¡con los enemigos…!! Ya son palabras mayores.
Un enemigo no es sólo el que te mata físicamente, puede matar tu prestigio, tu fama, tu nombre, tu reputación… y de esos, aunque no lo parezca, nos podemos encontrar en la vida bastantes. Nuestras reacciones suelen ser tajantes: “a ése, ni agua…”, “no lo miraré jamás a la cara…”, “él por su lado y yo por el mío…”,”hasta aquí hemos llegado…”
Desterremos también de nuestros juicios esa generalización de conductas sobre etnias, razas, extranjeros, formas de vestir diferentes… que nos hacen, si no xenófobos o racistas, sí que predispuestos a mantener una cierta distancia que no es más que un obstáculo más para llegar a esa relación de amor recíproco. La dignidad de cada persona está por encima de su aspecto, raza o procedencia.
La medida del amor nos la da Jesús en su pasión y muerte, perdonándolos y amándolos en su extremo sufrimiento. Señores-as esto es lo que hay, o lo tomamos o lo dejamos, sin” paños calientes”, menos mal que sabemos el final, la resurrección, la vida y la plenitud.