SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LA ESPERA
(mujer, casda, 3 hijos, embarazada, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

El embarazo, a veces, es complicado. Aunque sabes que esperas una dicha muy grande, no solo no la puedes disfrutar aun, sino que tienes muchos miedos y molestias.
Solo me queda un mes largo para dar a luz y ya tengo contracciones que me fuerzan a reposar, teniendo que cuidar de los otros tres pequeños y sobrecargando a mi marido (comunidad familiar); la barriga está tan gorda que me cuesta respirar; tengo insomnio; me duelen las articulaciones porque se están abriendo las caderas; tengo acidez y reflujo aunque no coma; la pesadez de piernas es constante…
Los desiertos en la vida, a veces te ciegan y te entra el miedo y la duda: ¿llegaré al parto con energías para cuidar al bebé?, ¿cuánto queda para que llegue?, ¿se malogrará todo justo ahora, con lo que cuesta gestarlo?, ¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?. Y Jesús siempre responde cuando se le busca: “Mira lo que hago con los demás, ¿qué no haré contigo, mi pequeña creatura, mi niña bonita?”, “No pierdas la fe, en el miedo y en la duda; déjate llenar por mi Espíritu, vive en Mi y mi Reino vendrá a ti”.

DESDE LA FAMILIA
(hombre, casado, trabaja, tres hijos, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Lo realmente importante está siempre ante nosotros. Sin embargo parace que estamos condenados a dar vueltas y vueltas a las cosas para no ser capaces de ver lo que ES. El ser humano no ha cambiado tanto en dos mil años: la razón necesita clasificarlo todo“¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. No hace falta ni responder porque la pregunta en sí queda totalmente insulsa, ¿Qué mas da que sea el que esperaban o no? Podrían haber hecho un preceso de mejora para ver si Jesús reunía las condiciones necesarias para ser su salvador. Seguro que la respuesta sería que no. De hecho Jesús descolocó a mas de uno, porque realmente no les salvó de la opresión romana y además no le importaban demasiado las normas religiosas… y acabó en la cruz.
Lo realmente importante fue la experiencia de salvación que Jesús les llevó: “Los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio”.
¿Y cual es mi experiencia de salvación? Por desgracia no soy nada místico. Sin embargo siento indicios de que Dios me espera y me salva… A través de mi familia, a través de la oración (tan racana que suele ser) a través, a veces, de momentos triviales en los que siento su presencia, y otras veces de profunda alegría como el nacimiento de una nueva vida.
Gracias por todo ello

DESDE LA LAUDATO
(mujer, soltera, trabajadora social y voluntaria en ONG-D, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)  

El Evangelio de hoy nos pide dirigir la mirada a los signos en los que podemos descubrir que el niño que nace en el pesebre es realmente el Dios que esperábamos: “los ciegos ven, los cojos andan,…a todos se les anuncia la buena noticia”.
También hoy tenemos muchos signos en los que podemos reconocer el Reino que está llegando. Y esos signos son motivo de esperanza y alegría, pero también, tarea y misión. Como Juan tenemos encomendada la labor de anticipar el Reino con nuestra vida, de tal manera que también hoy podamos decir: los excluidos dejan de serlo y a la hora de organizarnos como sociedad se tienen en cuenta sus necesidades y capacidades, la economía se organiza de manera que prime el bien común, el respeto por la creación se hace realidad,… Estás son las buenas noticias que necesita nuestro mundo.
En palabras del Papa Francisco en la Jornada Mundial por el cuidado de la Creación que tuvo lugar en septiembre de este año:
“Debe ser también un motivo de alegría que, en todo el mundo, iniciativas parecidas que promueven la justicia ambiental, la solicitud hacia los pobres y el compromiso responsable con la sociedad, están fomentando el encuentro entre personas, sobre todo jóvenes, de diversos contextos religiosos. Los Cristianos y los no cristianos, las personas de fe y de buena voluntad, hemos de estar unidos en el demostrar misericordia con nuestra casa común la tierra y valorizar plenamente el mundo en el cual vivimos como lugar del compartir y de comunión.”


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