¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ESPERA
(mujer, casda, 3 hijos, embarazada, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
No puede haber fruto sin conversión.
El embarazo y la maternidad son tiempos de conversión. Poco a poco vas muriendo a ti misma para dar la vida a otro ser, para cuidar y criar a tus hijos. Te desapegas de ti misma y te agarras a Dios para que te de fuerzas y puedas sacarlos adelante.
En el embarazo, ayunas de algunos alimentos, dejas de hacer ciertas actividades, cuidas tu salud más que antes, pero no lo haces por ti, sino por la vida que llevas dentro.
Así ha de ser también nuestra vida como cristianos, morir a nosotros mismos para dar fruto, para dejar a Dios nacer en nuestro corazón, en nuestras vidas. Para dejar llegar al Reino de Dios a este mundo, a nosotros y a los demás. Porque los frutos, los hijos, no son nuestros, ni son solo para nosotros. Son de Dios para el Mundo. Tenemos el privilegio de disfrutarlos, nada más. Igual que nuestros dones y nuestra vida, no son para nosotros, nos los ha regalado Dios para entregarlos y en esa entrega, está el Reino de los Cielos.
DESDE LA FAMILIA
(hombre, casado, trabaja, tres hijos, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Hace frío, se acerca el invierno, se van viendo ya en los escaparates adornos y el ambiente se va caldeando para la navidad. ¿Pero quién quiere que llegue la navidad? Es curioso como en los ultimos años voy contando por miles las personas que la odian. Tiempo de hipocresía, consumismo y falsa alegría, es decir, mayor tristeza. Parte de la sociedad se está acercando obligada a celebrar una porquería. Y no me extraña nada. Una celebración hueca es peor que no celebrar nada.Y aquí llegan entonces las palabras de Juan, que parece que viene de otro planeta… Palabras que sin embargo tienen más sentido que nunca: “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”.
Pronto pondremos el Belén. A las niñas les encanta. ¿Acaso es de la patrulla canina? Que va, es de un recién nacido. Y tienen Ilusión. Desde luego es cierto que también participan de ésta rueda consumista, pero no es lo único: Ganas de celebrar, ganas de estar con las primas, con los tíos, de estar en familia, de jugar, de comer y cantar.
“Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. Desde luego yo también necesito de ésa conversión para poder buscar en lo más profundo, no perderme en lo artificial del día a día, para poder acercarme a Dios, quitar los velos que nos despistan y saber celebrar con sencillez y alegría.
DESDE LA LAUDATO
(mujer, soltera, trabajadora social y voluntaria en ONG-D, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
El texto del Evangelio de hoy supone una llamada fuerte a la conversión personal. Una conversión que no es algo estrictamente íntimo y personal, sino que tiene que traducirse en frutos concretos.
También la Laudato si está repleta de invitaciones constantes a la conversión personal y comunitaria, en todos los ámbitos de la vida:
– Estamos llamados a convertir nuestra mirada: cambiar nuestra indiferencia por una mirada atenta al que sufre, intentar comprender las cusas de ese sufrimiento, reconocer el valor y la belleza de las cosas sencillas, cultivar una mirada compasiva ante la realidad,…
– Estamos llamados a convertir nuestras actitudes: superar el individualismo y buscar el bien común, vivir con una actitud agradecida por todo lo que recibimos, cultivar la esperanza, desarrollar la creatividad en la búsqueda de soluciones,…
– Estamos llamados a convertir nuestros comportamientos: consumir de una manera más responsable, cuidar las relaciones y vivirlas desde la gratuidad, dedicar tiempo a construir comunidad, reforzar nuestra solidaridad,…
Ojalá sepamos en este Adviento avanzar por este camino. Son los frutos necesarios para que el Dios-niño pueda hacerse presente.