¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Los niños viven el ambiente de competitividad que impone la sociedad.
Hasta los dibujos animados que ponen por televisión son de lucha despiadada entre seres muy extraños que no cejan en su esfuerzo hasta derrotar al enemigo con la mayor saña posible.
Tanto se impone este estilo que a uno de nuestros hijos le oímos, jugando con un hermano, usar la expresión “eres un fracasado” para meterse con él, hasta que le explicamos entonces lo que eso significa, haciéndole ver que no era aplicable al caso.
Fue un claro ejemplo de que no aprenden sólo lo que ven y escuchan en casa, y eso nos hizo reafirmarnos en que conviene dedicarles tiempo para transmitirles mensajes de tolerancia, optimismo y paz; para contrarrestar el efecto de esas otras fuentes de las que también están aprendiendo.
DESDE LA MISION
(mujer, soltera, trabaja en ONG-D, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical)
Ante este evangelio y lo que nos dice a cada uno como cristianos, creo debemos pararnos a ver el Amor de Dios y como nos previene de lo que puede ocurrir. Realmente como todo padre aconseja y previene a su hijo.
La llamada a nuestra perseverancia, al testimonio. Cosa que tanta falta hace. Cuando no se lleva ser cristiano, aqui viene el Señor y nos advierte de todo lo que pasara al hablar de Dios hoy. Pero la perseverancia de la iglesia en mi tarea de cada dia, como se mantiene en la misión, me hace a mi mantenerme y ver donde esta la verdad, la vida.
Por tanto perseveremos en la oración, que es de donde nos viene la fuerza para fiarnos de que todo viene de Dios, de ese Padre que nunca descansa por nosotros.