¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA JMJ
(joven, estudiante, en grupos parroquiales, participante en la JMJ)
Recuerdo la ceremonia de acogida con el Papa como el momento personal más especial de la JMJ, el más cercano para mi y mis circunstancias. El Papa nos dijo: “Me genera dolor encontrar a jóvenes que parecen haberse «jubilado» antes de tiempo, con rostros tristes, aburridos, como si su vida no tuviese valor”; estas palabras me suscitaron un sentimiento de agradecimiento por mi vida y mi entorno, agradecimiento porque sin duda era consciente de que la realidad que estaba describiendo se asemejaba a la de muchos jóvenes pero en la que yo no me veía reflejado. A los pocos minutos dijo estas otras palabras: “Jesucristo es quien sabe darle verdadera pasión a la vida y quien nos ayuda a levantarnos cada vez que nos damos por vencidos”; torpe de mí no supe encontrar el responsable de sentirme tan agradecido hasta que me lo dijo Francisco, la respuesta era Jesús, sentirse amado por Jesús.
Muchas veces no somos capaces de entender lo que estamos viviendo hasta que tras un cierto tiempo, “algo” hace que se nos encienda un bombilla y cobre sentido. Eso es lo que me ha pasado con este texto del Evangelio; nuestro Dios es un Dios de vivos, que cuando nos encontramos con él somos capaces de apartar todas aquellas cosas que nos hacen morir, la tristeza, la desgana, la desilusión… para darnos su alegría.
DESDE EL TERCER MUNDO
(mujer, soltera, profesional, seglar del tercer mundo, comprometida con la promoción de su pueblo, pertenece a grupo cristiano)
En realidades tan violentas, injustas y pobres, con tanta desigualdad, el concepto de vida puede mirarse desde varios puntos de vista: Pensar que la vida verdadera solamente la tienen los que todo lo poseen y viven muy bien, o es la supervivencia diaria con mucho esfuerzo, o el haber podido escapar de la muerte en cualquier situación de riesgo, tan comunes en estas latitudes, o simplemente es la esperanza de encontrar en el otro la ayuda que le permita respirar un día mas.
El Dios de la vida es un Dios de esperanza, porque habita en los que encuentran en la existencia misma una razón de ser, no solo para sí, sino también para los demás, para quienes piensan que todos tenemos el derecho a vivir y coexistir en este mundo con dignidad, y sobretodo para todos los que ayudan a rescatar y dar vida, devolviendo la esperanza y la confianza a los que la han perdido.