¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¡¡Dios mío, qué paciencia tenías que tener…!!
Con estas preguntas capciosas, únicamente quedaban en evidencia ellos solos, no habían entendido nada… Cómo se puede ser tan “cenutrio” para equiparar la pertenencia de una viuda a uno u otro cuando la luz que ilumina el paraiso es tan grande, por el sólo hecho de estar en compañía de Dios Padre, que las demás cosas, las pequeñeces, carecen de toda importancia.
En este comentario al evangelio, vuelvo a traer a colación, el encuentro que hace poco, nuestra comunidad, compartió en la Cartuja de Jerez con las Hermanas de Belén. Prácticamente, es lo más cerca de lo que podría ser el cielo de cuanto he podido estar, aunque a alguien le parezca exagerado.
En un coloquio con una hermana experimentada, me pasó algo como a los saduceos. Mi poco conocimiento de la vida monástica, y sobre todo de la de clausura, me hizo hacer una pregunta que seguro que catalogais de ingenua y tonta.
– Le dije: “Hermana, en sus ratos de oración, les encargan cosas por las que pedir y Uds lo hacen…”
– Ella, con mucho cariño, y seguro que apenándose por mi poca fe, me contestó: “Nuestra opción de vida, el hecho de separarnos de todo lo que el mundo ofrece, es por que estamos profundamente enamoradas de Cristo. Nuestro empeño diario es encontrarnos con Él y cuando lo logramos, todo lo demás pasa a un segundo plano, es tan grande la alegría de encontrarse con el Señor, es tanta la Luz, que eso lo supera todo. Ese diálogo con el Señor de tú a Tú, llena tanto nuestra vida que se convierte en nuestro empeño más sagrado. Y luego, sí, nos acordamos de las miserias y calamidades que ocurren en el mundo y oramos por ello, pero nos bastan unas breves pinceladas de lo que sucede, no queremos más, si no, el bombardeo de imágenes te vuelven insensible (a la superiora le llega un periódico o lo que hablamos con los que vienen a la hospedería…)
A mí, esto me dejó impresionado y demostró cuán pequeña es mi fe y mi oración personal con el Señor. Por supuesto, descubrí el motivo de esa “atmósfera celestial” llena de alegría y servicio concreto a cada uno. Eso me hizo intuir el cómo deberá ser el cielo, y yo quiero ganármelo.
Por tanto, ¿qúe podemos hacer?, encontrarnos con el Señor a diario para que llene nuestra vida de Luz y luchar con todas nuestras fuerzas, desde nuestra vocación de seglares, por ganarnos el derecho a estar en el paraiso, a fuerza de trabajo y trabajo (oración y amor al prójimo).