DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)

El trabajo de educadores sin sueldo y sin horario, si lo miras en frío, es ingrato muchas veces: la labor dura tanto cada día como las horas de vigilia de los niños; es repetitivo, como acompañarles a hacer la tarea, y en ciertas ocasiones perseguirles para que la hagan; cae en saco roto cuando no cumplen sus pequeñas obligaciones como hacer la cama o recoger la habitación. Muchos días no ves avance, al revés, te descuidas y se relajan de manera que cuesta recuperar el camino que ya estaba recorrido. Les orientamos para que sean responsables, que sus derechos bien que se los saben.
A pesar de esto, estamos muy esperanzados, pues entendemos que, mejor o peor, estamos haciendo como padres lo que creemos que nos corresponde, depositar en nuestros hijos semillas en forma de valores, que sin duda se van arraigando en ellos, aunque claro que cada uno después es como es.
Con todo, somos conscientes que hay resultados que no se ven de inmediato.
La verdad, es un consuelo saber que al Padre le pasa lo mismo con nosotros. Siembra constantemente dones esperando pacientemente que den fruto.
Nuestra labor también es ir preparándole el terreno, para que Su Palabra no caiga al borde del camino, o entre piedras o zarzas.


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