SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

¿Qué familia no tiene algún problema con la herencia de sus abuelos o de sus parientes? ¿En qué familia, no hay algún malentendido o discusión con hermanos, primos, etc.. por alguna situación referente a una fortuna, una casa, una ….? Que si los hermanos solteros merecen tener más de esa herencia porque son la parte “más desvalida” y no tienen su vida resuelta, que si los casados (muchas veces los hermanos mayores), se toman más en serio los bienes de sus padres y critican a los solteros porque no sientan la cabeza, que si los hermanos casados ya tienen a sus cónyuges (cuñados y cuñadas) metiendo “las narices” en donde no les incumbe… Que si los hermanos deben quedar iguales en el reparto…, que si un hermano tiene más derecho que los otros porque han vivido más tiempo junto a los padres, o han cuidado más de ellos. Lo cierto es que la justicia de Dios, es absoluta y maravillosamente diferente a la de los hombres. La justicia de Dios desparrama amor, generosidad y misericordia por todos los poros… Y por otro lado, ¿por qué nos centramos en los bienes, como si éstos fueran símbolos de lo vivido, lo amado, ….? Ojalá ningún bien, destroce a ninguna familia. Disfrutemos en vida de la mejor fortuna que tenemos: las personas, la familia..

DESDE LA ANCIANIDAD
(matrimonio, trabajan en residencia de ancianos, pertenecen a comunidad cristiana)  

Ahora la vida es cómoda y no nos planteamos que las cosas pueden cambiar, pero… ¿qué será de nosotros cuando pasen los años?, ¿habremos derrochado toda nuestra vida en cosas materiales como el hijo pródigo o habremos cultivado el cariño y el respeto de Dios haciendo lo que El nos pide?
Todos nuestros acogidos nos dicen: – “tanto trabajar, ¿para qué?- y es verdad, pero nos damos cuenta cuando ya no hay vuelta atrás.
Sin embargo, vemos dos mensajes de esperanza en el evangelio:
Primero. Estamos a tiempo de echar el freno y mirar bien qué es lo importante que queremos cultivar en nuestra vida.
Segundo. Que Dios nos quiere igual si, aunque sea el final de nuestra vida, nos damos cuenta de que el amor de Dios y a los hombres es lo más importante.

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)  

Esta parábola nos hace pensar en el hermano mayor, que creía que no era correspondido por el padre. Nos lo recuerda por la exclusividad que demandan nuestros hijos pequeños. Vaya paciencia necesitamos con ellos…¡es que no podemos hacer nada tranquilos! Vamos a comer, y nos dice uno: quiero agua, ¿me das? Mientras das un biberón y contestas al teléfono, tienes que arreglar un juguete que te ponen delante. Te sientas a hablar con tu cónyuge, y se te acerca otro y antes de que abras la boca te pide que le ayudes con el grifo del lavabo, que está duro. Mientras escribes este comentario, otro te pregunta que qué quiere decir “cónyuge”…
Nosotros, como educadores suyos, debemos atenderles siempre con la balanza en la mano, sopesando lo que sea más importante, y evitando discriminaciones. Pero también debemos enseñarles a ser comprensivos con nosotros y entre ellos, así como autónomos, y a disfrutar de las alegrías que reciben sus propios hermanos. Enseñarles a alegrarse con el padre cuando su hermano pródigo recibe un abrazo de éste.


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