¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, enferma de cáncer, pertenece a grupo cristiano)
¿Cómo se puede odiar a tu madre, a tu padre, a tus hermanos o a tantas personas que se supone que te quieren, en situaciones tan duras como una enfermedad, que es cuando más las necesitas?
¡Cuando es todo lo contrario! Necesitas que estén ahí a tu lado ayudándote, dándote el cariño que tanto necesitas en esos momentos dificiles. Es cuando se cumple la palabra: “Coge tu cruz y sígueme”
Eres tú y el Señor, porque sólo Él te hace fuerte y ves que lleva toda tu vida. Y ¿como coger la cruz? CON LA ORACIÓN. Porque te puedes sentar a calcular, a comprar algo, a hacer planes en tu vida. Pero cuando te dicen en un solo minuto de tu vida sin esperarlo, que tienes un cáncer, eso no se puede calcular ni pasar por mente humana, es un zarandeo tan tremendo el que te llevas, que si no estás apoyada en la oración cada día, es imposible llevarla con paz y alegría, y es donde te despojas verdaderamente de todos tus bienes .
DESDE LO SOCIAL
(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)
A veces también nosotros nos sentimos en el ámbito de la fe como ese hombre del Evangelio que “empezó a construir y no ha sido capaz de acabar”. En mi propia experiencia, a menudo ello se debe a considerarme excesiva y equivocadamente protagonista de mi historia personal y, por ello, no cederle al Señor el papel principal y la iniciativa que siempre debería corresponderle.
En esa dinámica de conversión en la que estamos como discípulos pueden surgir muchos obstáculos. Sin duda el apego a los bienes, a las personas y a los propios proyectos es uno de los principales. Pero si Cristo es en verdad el Señor de nuestras vidas sería un contrasentido que no lo fuera de nuestros bienes, y de nuestros proyectos. Debemos pues esforzarnos por ahondar en la conciencia de ser meros administradores de sus dones y, por ello y como es lógico, debemos estar atentos a lo que nuestro Señor desea hacer, para ponerlo en práctica diligentemente.
En el mundo de hoy la realidad social que nos rodea grita de injusticia y de necesidad. A veces, alguno de esos gritos nos interpela especial y personalmente, nos urge a una respuesta y una toma de posición. Y no siempre lo hacemos según el Señor nos pide. Este pasaje de las exigencias del discipulado nos invita a reflexionar sobre aquellas ocasiones en las que, en la vida de cada uno, hemos antepuesto nuestros bienes y nuestros propios proyectos a los planes que Cristo tenía en su dinámica de construcción del Reino.
Yo le pido perdón al Señor por esas veces en las que no le he seguido como me pedía, y le pido que me conceda la atención y la disponibilidad necesarias para reconocer y responder a sus planes.