(por hombre, casado, con tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)
El verano es tiempo también de pasarela, de exhibición, este mundo nos llama a eso, a que nos expongamos de manera superficial, desde nuestro cuerpo (que tiene que ser perfecto) a nuestros bienes (que tienen que ser de la última generación y mejor marca). Esto nos rodea, nos afecta y muchas veces, nos atrapa.
El evangelio de este domingo, es una clara llamada a la humildad, a la verdadera humildad. Como ejemplo de ello, el banquete del Reino, donde están invitados los últimos de este mundo, aquellos que nuestra mirada olvida, esquiva, se avergüenza.
Queremos satisfacción inmediata, todo lo contrario a lo que Jesús nos interpela. El camino que se nos propone es claro, demos sin esperar nada a cambio, pero sin agachar nuestra cabeza, con orgullo de identidad cristiana, que los hechos revelen la humildad, esto provoca, interpela, y cambia las cosas a tu alrededor. Un abrazo y feliz fin del verano.