¿Qué nos hace decir el texto?
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Señor Te damos Gracias, Señor Jesús y Dios nuestro,
porque Tú nos enseñas hoy que la violencia
nunca es un buen medio para lograr lo que se desea,
ya que si queremos seguirte cada día, debemos aprender
que Tú has venido a nosotros, a Salvar y no a condenar.
Tú nos llamas cada día para seguirte, ser tus discípulos
y anunciar con alegría el Reino de Dios a todo el mundo,
pero nos recuerdas hoy que esta opción de vida no es fácil,
y que para ser fieles a Ti, tenemos que aceptar siempre
las exigencias necesarias para ser valientes discípulos tuyos
y ser siempre Evangelizadores de tu Buena Noticia.
Ten Misericordia de nosotros, que somos débiles,
y ayúdanos, Dios nuestro, a mantenernos cercanos a Ti,
especialmente en los momentos de dificultad y cansancio.
No permitas que el desánimo, sufrimiento ni las tentaciones
nos hagan dudar, ni nos alejen jamás de Ti ni de tu Amor.
Tómanos de tu Mano Divina en los momentos de fragilidad,
y guíanos siempre por el camino que Tú nos propones,
siguiendo siempre el ejemplo de tu Mirada de Misericordia,
y cumpliendo cada día tu Voluntad en vez de nuestros deseos.
Danos la fortaleza necesaria para que ni los afectos particulares,
ni los asuntos de nuestro pasado, nos aparten jamás de tu Amor.
Ayúdanos Tú, Dios nuestro, a cumplir sin condiciones
las exigencias particulares que Tú nos pides a cada uno,
según nuestro estado de vida y el proyecto de vida que Tú deseas
para cada uno de nosotros, y hacernos felices en tu seguimiento.
Te pedimos hoy, especialmente, por cada una de las personas
que han decidido seguirte a Ti, Jesucristo y Dios nuestro,
de un modo especial, con entrega total y generoso servicio,
para que Tú le ayudes a mantener siempre viva su Vocación
y su respuesta generosa a tu Llamada, y que así ellos sean
un testimonio fiel y valiente, para cada uno de nosotros.
Señor Jesucristo Misericordioso, Tú nos recuerdas diariamente
que cuanto más unidos estemos a Ti, más sentiremos tu Amor,
pero también estaremos más cerca de tu Cruz, y que nosotros
sólo podremos ser tus discípulos, si estamos dispuestos a cargar
diariamente con alegría y valentía, con nuestra cruces cotidianas.
¡Gracias, Dios Misericordioso, porque Tú nos Miras a los ojos
y nos dices cada día al corazón: “¡Ven conmigo!”, pues sólo Tú
eres el Camino que de Verdad nos lleva a la Vida plena! Amén
TERCER PASO: ORATIO
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