¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Seguir a Jesús es lo central de nuestra vida como cristianos, lo más importante. Cuando le elegimos a Él estamos escogiendo lo que nos libera, nos salva, lo mejor para nosotros. Pero en demasiadas ocasiones, nos cuesta escogerle con valentía, con radicalidad, sin medir consecuencias.
Para actuar esta semana, os proponemos hacer una reflexión sincera sobre cómo es nuestro seguimiento. Podemos hacerlo personalmente, a solas o junto a otra persona con la que podamos compartir e iluminarnos mutuamente. Nos puede ayudar a meditar, el fijarnos en las tres situaciones que se nos describen en este Evangelio.
-Por un lado, el Hijo del Hombre, no tiene dónde reclinar la cabeza. Es por esto que sus seguidores no podemos pretender buscar el poder, la seguridad, la comodidad…
-Tampoco podemos pretender el seguimiento poniendo excusas para no responder a la llamada, para no comprometernos… “déjame ir a enterrar a….” El Reino de Dios es lo más importante y no se debe dejar para mañana.
-Por último, cuando nos decidimos a seguir al Señor, no podemos andar dudando, titubeando, “mirando atrás”. Quien quiere “arar” pero sigue mirando atrás, no podrá guiar su arado recto, bien.
Y tras nuestra reflexión, actuemos tomando decisiones concretas sobre aquello que debe cambiar en nuestra forma de seguir al Señor para que sea un seguimiento apasionado, fiel e incondicional, para que sea Él el centro de nuestra vida, el que llena nuestra existencia.