SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LA MISERICORDIA: VISITAR Y CUIDAR A LOS ENFERMOS
(Mujer, casada, tres hijos, enfermera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)  

Recuerdo una paciente que tenía un cáncer terminal, ¡cómo vivía su enfermedad! Vivía su padecer y su dolor en el transcurso de la enfermedad sin desesperar: era Cristo en su momento de pasión. Recuerdo como desde el corazón, cariñosamente, se iba despidiendo de sus seres queridos, amigos y familiares.
Ella mismo preparó su funeral con su amigo sacerdote. Con el guitarrista eligió las canciones que tocaría en el sepelio. Más que un entierro parecía una fiesta, un auténtico ascenso hacia el cielo. Una de las canciones que eligió decía “Dona la Vida entera, como María al pie de la cruz, y serás siervo de cada hombre,  siervo por Amor”.
Y cuando alguien que quieres se va al cielo, no nos quedamos en la tristeza, sino parece que esa persona desde el cielo nos acompaña, nos da fuerza. Recuerdo de esta paciente cómo repartió Amor, poesías y, sobre todo, sonrisas a los que la conocimos.
En el Evangelio de hoy Jesús sube al cielo, asciende y nos promete la fuerza de su espíritu para que seamos seguidores, testigos de Él, portadores de misericordia, de luz, de esperanza.
Vivamos esto desde la alegría de un Dios que nos sigue bendiciendo cada día.


DESDE LOS SIGNOS DE VIDA EN UN BARRIO POBRE
(matrimonio, hijo adolescente, pertenecen a comunidad parroquial de un barrio pobre)

La palabra de Dios se cumple en Jesús, su cercanía trae conversión y liberación pero también deja alegría. Es un verdadero gozo saber que el propósito de Jesús se cumple. Y se cumplirá a plenitud en la medida que yo lo deje actuar en mi vida, en mi familia y esto se pueda reflejar en mis semejantes, en mis hermanos de comunidad, en mi barrio. Es cierto que no todos pueden ver lo que hoy yo veo, pero ellos podrían vivenciar a través de mí la grandeza de Jesús, su amor, su entrega, mediante mi amor y mi entrega a ellos. Jesús una vez más me conforta y me respalda con sus palabras al decirme que me fortalecerá mediante su Espíritu Santo.
Ahora es que falta… Ahora toca pregonar esa alegría con todos, con los niños, los ancianos, los adultos del vecindario, las amas de casa afanadas. Compartir la buena nueva con testimonio real hace que se expanda a cada rincón y ese legado ha sido confiado a mí. No todos mis vecinos podrán visitar la iglesia pero podría traerles un poco de la iglesia en el día a día. Puedo compartir esa bendición a través de una tacita de café e interesándome en su situación. Quizás no pueda resolver su problema económico o de salud, pero sí puedo llevar compañía, respaldo y así mi vecino o vecina no se sentirá solo o sola, así como yo se que Jesús siempre está conmigo, con todos.
La promesa se acerca, la alegría crece y el miedo de cumplir la palabra se va alejando. Gracias Jesús!!!


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