SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LA MISERICORDIA: VISITAR Y CUIDAR A LOS ENFERMOS
(Mujer, casada, tres hijos, enfermera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)  

Al releer este bonito texto del Evangelio, no puedo dejar de acordarme de mi hermana de comunidad Ana (trabaja también en un hospital, como pediatra). Ella está obsesionada por cómo los demás notan que es seglar comprometida y pertenece a una comunidad cristiana. “¿Se me notará en medio del hospital, entre mis amigos, en mi familia?” Nosotros nos reímos a veces por esta obsesión, y algún gracioso le dice que ¡se le nota en los andares!
Sin embargo, haciendo memoria, recuerdo que un día nos contaste que, una noche al estar de guardia, atendiste a una madre con su niño pequeño. Trataste al niño, lo exploraste, le pusiste el tratamiento y le diste de alta. Eran las cuatro o las cinco de la mañana y te retiraste  hasta el siguiente aviso.
De repente se te ilumino el corazón, en la calle estaba diluviando y te acordaste de aquella pobre señora con el niño. Había venido al hospital en una ambulancia y ahora no tenía medios para volver a su casa. Y por lo que comentó anteriormente, ella vivía en un barrio en las periferias.
Al sentir esto, tu corazón se conmovió, y saliste al encuentro de la madre y el niño. Todavía seguían en la sala de espera, menos mal. La miraste y le pediste una ambulancia para poder regresar a su domicilio. Seguro que alguien a tu alrededor se percató de este hecho. Pues ahí, en esos pequeños detalles de Amor, de acercarse al otro, de ponerse en el lugar del otro, se nos conocerá que somos discípulos, que nos une el Amor de unos a otros.
De este modo somos expresión del Amor con que Dios nos Ama.


DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)

El AMOR es el motor del mundo. Y de la familia. Nuestros hijos, que están “al loro” de todo, tienen que percibirlo. Aunque sólo vean la punta de un iceberg que queda oculto a su ingenuidad, ya que no se percatarán del esfuerzo que hay detrás de una mesa puesta, una casa recogida, un uniforme planchado, un carro de la compra del supermercado, un apoyo en la tarea de clase o un rato de escucha en exclusiva, seguramente, hasta que les toque a ellos como padres.
Las cosas se hacen a veces, inevitablemente, rozando la desesperación propia del agotamiento. Pero cuando se hacen desde la perspectiva de que Dios es un miembro más de la familia, incluso en esos momentos extremos, cobran una especial trascendencia.
Una vez más sale a relucir la educación en el ejemplo, en la coherencia, en el entendimiento en la pareja educadora y con la mirada puesta en el Señor.


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