ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Al leer el pasaje del evangelio de este Domingo, me llamaba la atención que, en la segunda visita de Jesús, aún permanecían las puertas cerradas, a pesar de haber vivido la resurrección en primera persona, viéndolo y tocándolo… Al llegar Tomás, no debió encontrar una actitud ni un testimonio demasiado convincente como para creer sin ver.
Las conversiones pueden suceder, además de una conversión profunda e interior, simplemente por “contagio”. En nuestra comunidad solemos quedar antes de la Vigilia Pascual, para cenar y tener un pequeño encuentro fraterno para disponernos a vivir unidos este momento tan crucial de la Semana Santa.
Este año, no me apetecía demasiado y fué una hermana de comunidad la que me animó a darle la importancia a este encuentro previo. Nos gusta empezar ensayando el Pregón Pascual, leido y cantado… Sólo el comienzo, ya provocó en nosotros un cambio, ya determinó una disponibilidad interior a que algo iba a suceder, empezó a “contagiarse” esa alegría interna de que no todo estaba perdido, la muerte no podía vencer, la plenitud de la vida estaba pronta a volver a revelarse, a hacerse vida esa noche.
Creo que no debemos de perder esa forma de convertir a la gente, no es que sea muy eficaz a la larga, por que se necesita un discernimiento mucho más profundo para que la conversión sea perdurable y eficaz, pero se nos tiene que notar que el Señor ha venido para dar plenitud,  tanto para cuando vienen “mal dadas” como cuando vienen bien.
No ha resucitado para que encontremos la felicidad, eso es más una pretensión nuestra que lo que en realidad significa su victoria sobre la muerte. De rebote, igual nos llega esa felicidad, pero realmente nos da la posibilidad de tener la plenitud en nuestras vidas.
Por tanto, se nos tiene que notar, no pongamos caras largas cuando no salen nuestros planes para el dia, afrontemos los imprevistos, las complicaciones, como una oportunidad de vencer a la muerte, de poner todo nuestro empeño en sacar adelante aquello que el Señor nos depara para ese momento presente, para la jornada entera. El “contagio” a nuestro alrededor, si de verdad vivimos la Pascua, se tiene que notar, sobre todo en una cosa, en no perder la sonrisa y que la gente se sienta a gusto a nuestro lado.
¡¡Plenísima Pascua para todos!!


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