¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA FAMILA
(Matrimonio, trabajan ambos, tres hijas, pertenecen a movimiento seglar)
Aunque el texto está redactado en el “futurible” propio de un tono apocalíptico/escatológico, nos parece que la simbología que incorpora contiene aspectos muy “presentes”, y, como familia, nos ha interpelado triplemente.
En primer lugar, nos vuelve a recordar que nuestro pequeño núcleo familiar está llamado a fundirse con la inmensa familia humana; que no podemos quedarnos encerrados en nosotros mismos; que debemos profundizar en nuestro sentimiento de pertenencia a Algo más grande, de unidad con todo y todos, sin exclusiones, pues todos somos llamados (“de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte”) y, por tanto, elegidos.
A continuación, ese “sabed que él está cerca, a la puerta”, nos ha llevado a recordar Apocalipsis 3, 20: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”. Que manera tan hermosa, dulce y tierna con la que el Padre expresa su cercanía y disponibilidad para con nosotros, su deseo de encuentro, como es Él el que toma la iniciativa…!!! Advertimos que nunca hemos comentado este texto en familia, y esa constatación nos llevó a otra: que quizás estemos manteniendo a nuestras hijas un tanto “infantilizadas” en su fe; que las consideramos “adultas” para unas cosas y en las cuestiones espirituales no interactuamos con ellas en un plano de mayor madurez. Acto seguido, hemos mandado al grupo familiar de WhatsApp este texto, llamando la atención sobre tan entrañable manera de invitarnos a estar con Él, y la oración como vía privilegiada para ello (cuando conseguimos que sea profunda, todo se “apaga”, todo se “diluye”, en nuestro rededor; solo estamos Él y nosotros).
Por último, nos invita a la familia, tan arraigada en lo terreno, tan desbordada por la cotidianeidad, a no aferrarnos a todo aquello que está llamado a caducar, a extinguirse, a un estar en guardia para no olvidarnos de ello, porque “¿a quien iremos? Tú tienes palabras de Vida Eterna”, y en ese desprendimiento, en esa liberación hallaremos contento y felicidad, accederemos a nuestra parcela en el Reino.
DESDE LA MISIÓN
(Mujer, divorciada, trabaja, dos hijos, participante en experiencias misioneras, pertenece a grupo seglar)
Estos signos de tragedia y oscuridad con los que empieza el Evangelio de este domingo contrastan enormemente con el mensaje de esperanza que viene a continuación. Y es un buen símil porque hay pocas cosas que hayan atemorizado tanto a la humanidad como cuando se desatan los elementos: las tormentas, los huracanes, los temporales… No me sorprende que la señora Eligia, de los cerros de Humahuaca le pidiera al misionero que bendijera la casa, y también le dejase bendito un cántaro de agua para que ella pudiese rociar las paredes y el gallinero cuando llegasen las tormentas. Me hizo gracia esa fe sencilla de querer proteger las cosas con agua bendita, pero luego me he sorprendido a mí misma rezando detrás de la ventana bien atrancada cuando ha habido una gran tormenta. ¡Cómo no iba ella a necesitar la protección de toda el agua bendita posible, estando detrás de esas débiles paredes de adobe, y bajo un techo de ramas y paja! No hay sol más bonito que el que vemos después de una tormenta. Reconforta el alma. Así mismo es la promesa de Dios, que nos ha prometido estar aquí antes de que pase esta generación; que cumple su promesa en cada uno de nosotros. Quizás por eso los Hermanos de Cruz Blanca de la Casa Nazaret de Tánger vuelven al tajo un día tras otro, porque la tormenta de su dura tarea de cada día con los internos se debe iluminar cada anoche con la visita de Dios majestad. Quizás también por eso los habitantes de la Misión de Zhomba en Zimbabwe confían esperanzados en el día de la liberación, que iluminará sus vidas azotadas por las tinieblas. Así también nosotros volvemos a levantarnos una y otra vez, con más fuerza cuanta más oscuridad hemos sentido, porque el sol que nace de lo alto viene a iluminarnos y a guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
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