SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LA FAMILA
(Matrimonio, trabajan ambos, tres hijas, pertenecen a movimiento seglar)  

Las Bienaventuranzas nos interpelan como padres cristianos. Hacen que nos preguntemos sobre el testimonio que podemos estar dando al respecto a nuestras hijas. Como padres y educadores para la vida nos preocupa el arraigarlas en el mundo, e inevitablemente tendemos a cifrar sus expectativas de felicidad en que “les vaya bien” en los términos en que lo entiende ese mismo mundo (bienestar en general, frustraciones mínimas, todo logros). Sin embargo, Jesús nos propone un planteamiento bien distinto: todas aquellas circunstancias que desde la visión terrenal se nos antojan indeseables, encierran un gran potencial para la vida desde el Espíritu, para situarnos directamente en el Reino, aquí y ahora. No se trata de un código de conducta, o de situaciones que hayamos de buscar, sino de una actitud desde la que afrontar la vida y sus avatares. Nos parece que la actitud básica a interiorizar en nuestra familia debe ser, ante todo, esa pobreza en el espíritu con la que arranca el Sermón de la Montaña, que entendemos en el doble sentido de desprendimiento hacia lo mundano, de los falsos ídolos –dinero, prestigio, poder-,  y de sentirnos pobres ante Dios, necesitados de Él; con tal bagaje, vemos posible trascender los momentos de dolor y necesidad que  sobrevengan.  Y estamos seguros de que así posicionados sobrevendrán la alegría y el contento, porque, como hace unos días escuchábamos decir a un joven participante en la JMJ de Madrid (gracias!, Luci querida, por ese “YouTube”), para los cristianos la alegría no es que las cosas nos vayan bien, sino saber que el Padre está con nosotros. Vemos que no podemos ofrecer nada  mejor a nuestras hijas que esta dicha, la de experimentar que Dios va a nuestro paso en lo bueno y en la dificultad. Debería ser nuestro “testamento vital” dirigido a ellas.


DESDE LA MISIÓN
(Mujer, divorciada, trabaja, dos hijos, participante en experiencias misioneras, pertenece a grupo seglar)

“Al ver Jesús el gentío, subió a la montaña y se sentó”. La gente, al saber que Jesús estaba por allí, se acercaba, se amontonaban a su alrededor, ansiaban verlo, escucharlo, empaparse de su Ser. Y cuando él los ve, se hace aún más visible, subiendo a la montaña, para ser referente de todos, para que el que esté junto a su lado, pero también el que esté un poco más lejos, lo puedan ver y oír bien. En nuestro mundo avanzado y desarrollado, parece que se nos ha helado el corazón y se nos han apagado los sentidos. A veces ni siquiera se nos ocurre levantarnos del sillón, de nuestra comodidad, despegarnos la pereza, descargarnos de lo superfluo, para salir al encuentro de Jesús y escucharlo de cerca. Eso lo hemos visto y sentido en la Misión Popular que se acaba de celebrar en nuestra parroquia. La Palabra de Jesús ha salido a la calle, pero no ha habido ningún gentío buscando estar cerca; apenas se han acercado algunas personas, algunas quizás por curiosidad; otras, esperamos que de verdad, sintiendo que Jesús había venido a hablarles. “Y Jesús se sentó”. No tenía prisa. Cuando se encuentra con quien le busca y le escucha, nunca tiene prisa; nos da todo su tiempo. Nuestro mundo ajetreado nos dificulta ir a Jesús sin prisas y dedicándole generosos el tiempo.
En todo esto nos ganan por goleada los que no tienen nada, pero sí mucha sed de Dios. La sed de Dios está en lo profundo de nuestra naturaleza, pero todo lo que tenemos a nuestro alrededor y nos distrae, nos hace no percibirla. Somos demasiado “ricos” en cosas (materiales, avances, entretenimientos, …) que no nos queda espacio para nada, y nuestro corazón está saturado y no sabe reconocer sus anhelos. Y ya sabemos lo que dice Jesús acerca de los “ricos” y el Reino de Dios…
Se podrían reescribir las “Bienaventuranzas desde el Sur”, con los rostros y los nombres de los que, a veces incluso desde la ignorancia, buscan y siguen a Dios, los que se agrupan formando un gentío junto a la montaña para oírle, sin prisas, dándole todo su tiempo:
-Dichosa la hermana Nati, cuando abandona la seguridad y la comodidad y se va a acompañar a las más necesitadas en lo más frío de la puna, porque de ella es el reino de los cielos.
-Dichoso el Sekuru Chandomba cuando llora porque la vejez y la enfermedad lo han hecho dependiente, porque él será consolado.
-Dichosa Mai Mukosana, cuando se ausenta de su hogar, su musha, por servir a otros, porque ella heredará la tierra.
-Dichoso Va Maganga cuando lucha por libertar a su pueblo, porque él será saciado.
-Dichosos los Varapi cuando se vuelcan en sanar a los enfermos, porque ellos alcanzarán la misericordia.
-Dichosa la maestra Carmen cuando busca ansiosa la Palabra de Dios, porque ella verá a Dios.
-Dichosa la hermana Mariluz cuando lucha por salvar la vida a un niño-soldado, porque ella se llamará Hija de Dios.


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