¿Qué nos hace decir el texto?
(Mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Señor Jesús y Dios nuestro, te damos Gracias
porque Tú nos llamas para ser tus discípulos
y no se enseñas una forma muy concreta de seguirte:
El servicio mutuo, alegre y gratuito a los demás,
y siempre atento a las necesidades de cada persona.
Gracias porque hoy nos enseñas una gran lección:
¡Ser humildes para poder ser grandes discípulos tuyos!
Ayúdanos Tú, Señor y Dios nuestro Misericordioso,
a aprender de Ti este gran estilo de vida de servicio,
entregándonos a los demás sin esperar nada a cambio,
y a vivir con actitud de servicio en la familia,
con los amigos, en el trabajo, en la parroquia,
y en cualquier otro ámbito de la sociedad
donde estemos presentes y rodeados de hermanos,
y especialmente, entre los que más nos necesitan.
Recuérdanos Tú, Señor Jesús y Dios nuestro,
que Tú eres siempre nuestro único modelo a seguir,
aprendiendo, día a día, a entregarnos con generosidad,
dándole a los demás nuestro tiempo y nuestras cualidades,
y estando en medio del mundo del mismo modo y actitudes
como Tú pasaste por él: Sirviendo a todos sin descanso,
y entregándote a todos por Amor y Misericordia con nosotros.
Recuérdanos cada día que el servicio generoso y gratuito
es el único estilo de vida que Tú deseas en la Iglesia Universal,
y en nuestra vida cotidiana para anunciarte a los demás.
Haz Tú posible que, con el ejemplo de nuestra vida diaria,
logremos que cada hermano nuestro pueda conocerte a Ti.
Te pedimos hoy especialmente por todos los misioneros
presentes en cada uno de los lugares del mundo,
y que están entregando su vida a los demás por amor a Ti,
sirviéndote a Ti y a todos, para que tu Evagelio sea conocido.
Ten Misericordia de nosotros, Dios Bueno, y libéranos cada día
de la tentación de la prepotencia, del prestigio, del poder,
de querer tener más bienes o querer ser más que los demás,
del orgullo o superioridad que nos impide ser humildes
y que no se alejan de Ti, de tu Amor y de tu Misericordia.
¡Conviértenos Tú, Señor, en personas sencillas y serviciales!
Ten Misericordia de nosotros y ayúdanos Tú cada día
a poner en práctica la Buena Noticia de tu Evangelio,
para que la fuerza de tu Amor nos rescate diariamente
de nuestros egoísmos, comodidades, seguridades,
carencias de caridad con cada hermano nuestro,
indiferencia ante el sufrimiento ajeno o ante las injusticias,
para que tu Misericordia nos salve, nos llene de fortaleza,
y nos impulse a construir con los demás un mundo más justo
y lleno de tu Paz, Amor y Fraternidad con cada persona. Amén