¿A qué nos lleva el texto?
(Matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Me llama la atención el final del evangelio, “…recibiréis cien veces más ahora…, y en el futuro la vida eterna.” ¡ Qué verdad es esto!. Los momentos vividos en la vida terrena, de esta forma tan revolucionaria que nos relata Jesús, por nuestra propia experiencia, sabemos que son pequeños” trozos de paraiso” que nos llenan de felicidad. Es decir, no hay que esperar a la vida eterna, ya sabemos de sus bienes aquí, en nuestro obligado tránsito por el mundo.
¡Y eso es genial! A veces no sabemos expresar a personas que no creen, o que no comparten nuestra manera de hacer las cosas, el por qué actuamos o pensamos así o por qué creemos en Dios… Quizás baste con decirle lo bien que nos sientan esos “pedacitos de cielo”, saboreados cuando damos algo de nuestro tiempo, cuando amamos al otro como nos gustaría que nos amara a nosotros, cuando compartimos, cuando nos sentimos más parecidos a Jesús…El Señor lo quiso así, pensaría: “estos pobres, para qué van a esperar tanto, les voy a dar a conocer algo de la vida eterna, voy ayudarles a tener alguna certeza de que Dios existe, que la Palabra no cae en saco roto, que es Verdad, y que, a pesar de los sacrificios, de lo que les cuesta amar en ocasiones, los frutos y los regalos de nuestro Papá-Dios los van a poder recoger cada dia, en forma de alegría y paz interior, pero se los tienen que ganar…”.
Hoy tratamos un tema fundamental de nuestra sociedad tan consumista. Y es que tiene razón el Señor al aconsejar con cariño al joven bueno (me gusta también mucho lo de “con cariño”, ¡qué importante esto para cuando nos ponemos a aconsejar a alguien…!) , nuestra vida, si nos descuidamos, da vueltas en torno al dinero. Vivimos por y para el trabajo, con mil excusas, que hay que pagar esto y lo otro, que tenemos que asegurar un futuro para nuestros hijos, que la responsabilidad empieza desde el ahorro… Al final, como dice la sabiduría popular, “no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”.
Por tanto, hagamos un serio examen de conciencia a la hora de afrontar inversiones, obras, compras importantes…al final, todo eso puede condicionar nuestra vida para siempre.
¿ Por qué esa casa tan grande, por qué ese coche tan moderno, por qué tantas y tantas cosas que nos llegan a esclavizar…?
Hagamos el ejercicio en cosas pequeñas, cuando nos pidan aquella chaqueta que tanto nos gusta, cuando alguien se siente en nuestro sitio preferido, cuando nos cambien de canal y perdamos la serie que nos gusta tanto… son esos pequeños gestos los que nos hacen desapegarnos de cosas, y al final, para lo grande, nos saldrá por inercia.
ÚLTIMO PASO: ACTIO
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