¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE EL TRABAJO
(matrimonio, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)
“No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.”
Se reconocen a muchos profetas en la historia, y seguro que los ha habido y los hay actualmente que no son reconocidos. Son personas corrientes por los que Dios nos habla.
Pienso que en mi trabajo los hay, incluso sin ser cristianos. Son personas que por lo que dicen y por lo que hacen se ve el mensaje de Dios, trabajan por los demás sin esperar nada a cambio, y de hecho son profetas en su tierra porque como mucho lo que reciben son críticas. Es duro trabajar para tus compañeros y encima recibir malas palabras, que Dios les guarde.
DESDE LA FORTALEZA
(hombre, casado, cuatro hijos, militar, realiza misiones en paises en conflicto)
El profeta no es bien recibido en su tierra. Así podía ver mi vida en algunas ocasiones en las que he encontrado el mayor de los rechazos en mi propia casa, entre los míos.
Lo que anunciamos con la fuerza del Espíritu Santo es la buena nueva que nos anunció nuestro Señor Jesucristo, pero esa buena nueva implica renuncias, cambios, humillaciones.
No voy a recordar la parábola del joven rico, o la del fruto de la simiente que cae en diferentes terrenos, no. Pero soy consciente que lo que me debo exigir a mi mismo se lo debo exigir igualmente a mi hermano. y las exigencias evangélicas no son fáciles de asumir.
Cuando el hermano confía más si cabe en la persona que le está proclamando, entonces surge el enfrentamiento debido quizás al miedo y/o a la envidia. No debo pensar que por ser esa persona más cercana va a acoger mejor mi mensaje, al contrario.
Sigamos confiando en el Señor, sin miedo ante el enfrentamiento que anunciar a Cristo pueda provocar. si Él mismo no fue bien acogido entre los suyos que menos sus discípulos.
Qué Dios nos infunda la fortaleza para anunciar el evangelio allá donde nos encontremos.
Feliz semana.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
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