SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LA FORTALEZA
(hombre, casado, cuatro hijos, militar, realiza misiones en paises en conflicto)

Ya en el final del tiempo de Pascua, Jesús me dice dos cosas; me nombra apóstol de la fe, testigo suyo, y por otra parte, me habla del perdón al prójimo, de la misericordia.
Aunque está parte evangélica siempre ha ido muy vinculada al sacramento de la reconciliación, de la penitencia, y concretamente, al papel del sacerdote como instrumento de Dios para el perdón de los pecados, también debe ser motivo para pensar como yo administro el perdón entre los que me rodean. Si soy muy severo y exigente, o si por otro lado, soy como el Padre, que dio a su hijo para el perdón de mis pecados.
Por otro lado, el mensaje de envío es vital. Acaba el tiempo de pascua y ahora Jesús nos envía por el mundo “a sembrar la buena nueva”. Sentirme llamado a proclamar el evangelio que “gratis” he recibido y gratis debo entregarlo.No tengo otra opción porque si Jesús llena mi vida ¿no debo mostrar a otros este camino de felicidad plena?.
Qué el Señor nos fortalezca con su Espíritu Santo para darlo a conocer en nuestros ambiente, en nuestro trabajo, en todo lugar y a toda hora.
Un abrazo en el Señor.



DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)  

¿Qué haríamos sin el Espíritu Santo? Sabemos que solos no podemos. En la tarea de educar tenemos fracasos, y más hoy en día con tantos patrones educativos diferentes. Si aprendemos a levantarnos, a sacar de lo malo, escalones para crecer, de la falta de recursos, creatividad, si no nos da pereza volver a empezar, ahí tenemos al Espíritu alentándonos. Hay días en que lo notas especialmente. Parece que el día va a salir torcido y en cualquier curva reflexionas y está Él. Es bueno enseñar a los niños a pedirlo: “Padre, en nombre de Jesús envíanos tu Espíritu”. Alguien cercano que nos da su fuerza, que reparte sus dones aunque muchas veces sólo reconozcamos sus frutos de amor, alegría, paz, fe…


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