¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
En el dia de la Ascensión del Señor, me gusta ponerme en el pellejo de los apóstoles, es la última vez que van a ver físicamente al Señor, después de tanto vivido juntos. Debió ser un dia duro para ellos, por un lado contentos de despedir a su Amigo que va a gozar al lado de su Padre; por otro lado, tristes de no poder disfrutar de Él.
Sienten la necesidad imperiosa de contarlo al mundo entero, no se lo pueden quedar para ellos. Esa sensación de ardor en el corazón por anunciar una buena nueva, hace que se desvanezca su tristeza, no hay tiempo que perder, se dan cuenta que han sido unos privilegiados y que, lo que han vivido, no se lo pueden quedar para ellos. Por dentro les impele ese deseo de compartir lo revelado: el Amor de un Padre que entrega a su propio Hijo para que dé su vida por nosotros. ¡Es tan grande esto…!.
Deberíamos hacer nosotros lo mismo, después de habernos encontrado con Él. Desde ahí, nada puede seguir igual, no existe un cristiano verdadero que esté apático, inactivo, triste, agobiado…Eso es un “pobre cristiano”, de veras que aún no habremos descubierto ese Amor que te tiene Dios por nosotros si nos dominan esas actitudes. Y debe arder por dentro nuestro ese deseo de compartirlo, de comunicar esa alegría. Pidamos al Señor que nos lleve allá donde nos necesiten, donde haga falta esa Palabra de aliento, esas ganas de vivir…
Todos tenemos familiares fallecidos que, cuando hacemos las cosas que nos enseñaron, sentimos una especial unión con ellos, su recuerdo sigue vivo. A los discípulos les debió pasar algo parecido al ascender Jesús con el Padre… Eso lo experimentamos también nosotros todos los dias: nuestra unión con el Señor es mayor cuanto más cumplimos sus mandatos. Pues ¡adelante!, ¡Jesús está vivo y necesita de nosotros para comunicar esa magnífica experiencia de cercanía y Amor!
ÚLTIMO PASO: ACTIO
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