¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA JUSTICIA
(hombre, casado, tres hijos, trabaja, abogado)
Cuanto te entregas en lo que haces, pones todo tu empeño, te rompes por algo, sufres por un objetivo, algo florece, en los demás o incluso en ti. Esto ocurre en todos los ámbitos, pero concretamente en mi trabajo se nota de manera especial; cuando te dejas llevar, no te entregas, no pones los valores encima de los que haces sino otros intereses, lo que crece es mala hierba, a tu alrededor y también en ti mismo. Por el contrario cuando tienes claro el objetivo, este es conforme al valor de la justicia, y luchas por ello, aunque te cueste y dejes parte de tu vida, de tu salud en ello, al final algo fructifica y da valor a esta vida. Jesús nos acompaña, ahí está, siempre está, no lo olvidemos. Como decía la canción de brotes de manera sencilla…… como la semilla que se rompe al pudrir han de ser las vidas que se entregan al señor, no esperemos nunca dar la vida sin morir, nada hay que se rompa sin que duela el corazón…. Hoy he tenido un juicio con dos compañeros, que anteponen los intereses de la justicia a los suyos propios, y eso hace crecer… un abrazo
DESDE LA VIDA COTIDIANA
(hombre, casado, dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Todo lo que uno hace en esta vida, todas y cada una de las decisiones que tomamos día a día, se terminan vinculando a una simple disyuntiva vital: vivir para uno o vivir para los demás. Es algo que uno entiende perfectamente cuando es padre de familia, y tus hijos se convierten en el principal objetivo de tu existencia. Te desvives (=das la vida) por ellos, perdiendo el sueño cuando están enfermos, preocupándote con sus problemas, alegrándote con sus logros, compartiendo sus esfuerzos… sacrificando en muchas ocasiones tu propio interés por su beneficio. ¿Soy capaz de tener ese mismo nivel de entrega con los demás? Sé que eso es lo que me pide Jesús, pero mi debilidad hace que discrimine, que seleccione con quién, cuándo y en qué condiciones. Sin embargo, me basta con mirar a mi alrededor para darme cuenta que cuando nos obcecamos en pensar primero en nosotros mismos y dejar a los demás en segundo plano, surgen las injusticias, las desigualdades y los conflictos. Es como cuando una familia recibe una herencia. Si los hermanos se preocupan demasiado en conseguir la mejor parte, en seguida surgen las peleas, se daña la relación fraterna, y se destruye la armonía familiar. Entonces comprendes que la única forma de cambiar esta realidad es servir a Jesús, seguir a Jesús también en la cruz, caer en tierra y morir para dar fruto.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
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