(matrimonio,trabajan ambos, pertenecen a grupo cristiano)
¡Qué diferente es el modo de Jesús de relacionarse con los demás al que tenemos nosotros! Cuando todo va bien no hay problema, pero cuando el “otro” se convierte en una pesada carga por sus miedos, indecisiones, dificultades, pobrezas, inmovilidad… fácilmente nos “batimos en retirada”. Puedo llegar a dar consuelo rápido que no me implique mucho y que silencie en la medida de lo posible, el rugir de mi conciencia. Puedo incluso ayudar un tiempo con pequeñas cosas o acciones que estén en mi mano, siempre que no rompan en exceso mi vida, comodidades, mis rutinas y planes.
Pero si la cosa se complica, me canso rapidito de “tirar” de la vida de otros, de orientar, animar, tranquilizar, sacar de apuros… Y de nuevo me sereno a mí mismo recordándome que “su vida es su vida” o “que me encantaría ayudar pero que tengo mucho lio y poco tiempo” o que… La cuestión es, como se suele decir “salir por patas del marrón”
Qué grande nos queda la frase de Jesús en el Evangelio de hoy “NO VOY A DEJAROS ABANDONADOS”. El día que seamos capaces de decir esto a los hermanos con todas las consecuencias, sin reservas, estaremos obedeciendo el principal de los mandamientos, amar al prójimo… Y el cumplir con ello, nos llevará a amar a Jesús. Desde ahí llegaremos a no ser de este mundo y a estar en disposición de recibir el “Espíritu de la verdad”. Viviremos en el Señor y con Él en el Padre….