¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA JUSTICIA
(hombre, casado, tres hijos, trabaja, abogado)
El Texto del Domingo puede sorprender, la reacción de Jesús nos llama la atención, sin embargo, está plena de sentido, la autenticidad, la coherencia, la rectitud, la justicia, todos los valores que desprende, en ciertas ocasiones tienen que sacarse de manera que la gente lo palpe, lo sienta, no hablo de violencia, ni mucho menos, pero sí de actitud decidida y contundente antes situaciones que no debemos admitir como seguidores de Jesús. En mi trabajo, son muchas veces las que choco con planteamientos injustos e intolerables, y una actitud firme llama la atención y provoca reacciones positivas, es difícil mantenerla, pero funciona mucho mejor que agachar la cabeza y mirar para otro lado. Siempre que escribo estos comentarios, me digo que es muy fácil para mi escribir y expresar lo que siento, la pregunta es ¿cuánto de esto llevo a la práctica? Reflexionemos un poco sobre nuestra actitud ante la vida, ante las injusticias, y si en ocasiones somos decididos y auténticos ante situaciones complicadas. Hay que reivindicar en este tiempo la autenticidad como valor de justicia ante todo, complicada tarea….
DESDE LA VIDA COTIDIANA
(hombre, casado, dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Para ser sincero, de primeras este pasaje del evangelio siempre me trae a la cabeza la cantidad de veces que me he tropezado con gente que aprovecha el fervor religioso para comerciar a la entrada de las iglesias, e incluso dentro de ellas. Ya resulta cotidiano encontrar en nuestros templos personas que venden exvotos, rosarios, medallitas, almanaques, libros, CDs… ¡incluso he llegado a escuchar cómo se vendía lotería de Navidad desde el ambón del presbiterio! Siempre me he preguntado si en nuestros días, Jesús expulsaría con azotes y esparciría por el suelo toda la mercancía de los que hacen negocio aprovechando la devoción de la gente. Pero claro, siempre es más fácil ver la paja en los ojos ajenos. Releyendo con detenimiento el Evangelio, veo que la lectura se puede interpretar desde otras claves a partir de una frase concreta: Jesús “hablaba del templo de su cuerpo”. Y entonces descubro que en mi vida cotidiana, en no pocas ocasiones yo también me he puesto a mancillar a Jesús mercadeando con mi fe, usándola según me interesa para satisfacer mi propio ego; interpretando el Evangelio a conveniencia aceptando las cosas que me gustan e ignorando las que me molestan; comerciando con Dios ofreciendo sacrificios a cambio de la ayuda divina para conseguir las metas que ambiciono; trivializando el sentido de los sacramentos cuando los vivo de manera superficial y anodina… Seguramente la pobreza e imperfección de mi testimonio también es responsable de que muchos no creyentes sigan considerando a la iglesia -a “mi” iglesia- como una cueva de ladrones… Y entonces, me doy cuenta que realmente me debo preguntar si en nuestros días, Jesús también me expulsaría con azotes y esparciría por el suelo mi mercancía. Posiblemente sí, pero también me invitaría a destruir el templo que he construido según mis estructuras, para dejar que Él lo pueda reconstruir.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
Publicado
en
por
Etiquetas: