¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA JUSTICIA
(hombre, casado, tres hijos, abogado)
Alguien me dijo una vez que en la vida lo importante no es saber a dónde vas sino con quién viajas, esta frase me la ha recordado el evangelio de este Domingo, esos hombres humildes, pescadores, no reparan en preguntarse a dónde van, sino que se fijan en quién les llama y con absoluta fe se entregan a él. Realmente llamativa la expresión de fe pura de los primeros discípulos. Visto desde la perspectiva de mi trabajo (realmente desde cualquier perspectiva), el cristiano no descansa, no puede ser intermitente, es decir, si se cree y se opta (con todas las dificultades y obstáculos) tu compañero de viaje va contigo siempre y eso se tiene que notar. Esa es la autenticidad que siempre reclamo y la que trato de exigirme, en un vaivén continuo. La justicia de nuestro mundo requiere de la presencia de esa AUTENTICIDAD con mayúsculas, para paliar en lo posible todo aquello que la esconde. Y es que la justicia como concepto tiene como objetivo lograr la paz social, y se hace difícil si en el camino te encuentras piedras de gran tamaño. Por eso, cada uno, desde nuestra pequeña parcela, tenemos que contribuir con la justicia. No todo conviene, no todo vale, hay caminos de justicia y caminos de odio y resentimiento que se confunden con justicia y que nunca lograran estar en paz con nadie. ¿Qué camino escoges? ¿Con quién viajas?… Un abrazo.
DESDE LA VIDA COTIDIANA
(hombre, casado, dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Tengo la ventaja y el inconveniente de que mi casa es mi lugar de trabajo. Me permite cierta flexibilidad de horarios, lo que a veces me ayuda a adaptar mi vida frente a imprevistos, pero frecuentemente me “esclaviza” obligándome a echar horas extras, y jornadas maratonianas en las que debes sacrificar tiempo de familia aún estando bajo el mismo techo. No son pocas las veces que mi mujer o mis hijos me han llamado y requerido para cualquier cosa y yo, agobiado por el trabajo, les he dado largas y les he dicho que en ese momento no puedo atenderles. Leyendo este texto del Evangelio me he preguntado si, inmerso en mis rutinas, no le estaré respondiendo muchas veces a Dios de la misma manera.
Yo presumo de ser seguidor de Jesús, pero ¿de verdad puedo afirmar que soy “pescador de hombres”? ¿de verdad todo lo que ocupa mi vida responde a lo que Dios quiere de mí?
DESDE LA AUSTERIDAD
(hombre, soltero, trabaja para ONG católica en país islámico)
Que fácil nos lo vuelve a poner Jesús; nos presenta un Reino de Dios muy cercano, que está aquí entre nosotros y para formar parte de este Reino de Dios sólo tenemos que creer. Además nos quiere a nosotros por lo que somos, sin nuestras redes (riquezas, títulos, bienes
). Es una llamada llena de Amor incondicional e inmediato.
Pero a esta llamada para ser constructor del Reino: ¿contesto con la misma inmediatez? ¿Soy capaz de dejar a un lado mis “redes” y vivir sólo con lo justo, con lo que el Padre tiene previsto para mí?