¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA FAMILIA
(matrimonio, ambos trabajan, con tres hijos, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Escuchar las voces que nos indican qué es lo que hay que hacer, cuál es el centro, qué es lo que no se nos puede pasar… nos resulta a veces tan difícil… No hacemos caso a los mensajeros, a los testigos, a los profetas. Sus mensajes se confunden con tantos otros mensajes que hablan de otra Navidad y dejarse llevar es tan fácil… En cambio, nadar contracorriente, esperar un Mesías que no es como el que el mundo espera, hablarle a los niños de preparar el corazón, que ellos vean que nos preparamos desde dentro… se hace cuesta arriba. Por eso el Adviento nos invita a allanar ese camino, a simplemente ponerse a la tarea, ser nosotros también sus mensajeros y prepararnos porque el Señor está cerca.
DESDE LA MISION
(hombre, soltero, estudiante, experiencia de Misión, pertenece a comunidad cristiana)
Este evangelio, a la luz de la experiencia que viví recientemente, me trae recuerdos de algo que vi todos los días: el anuncio de Jesús mediante dos formas. Un anuncio que se hace mediante la “voz”, la predicación y un anuncio que se hace mediante la manera en la que se vive, se es y se está. Las dos equivalentes, caras inseparables de una misma moneda: se vive lo que se anuncia y se anuncia lo que se vive. Juan predicaba en el desierto. Aprendí que no es otro lugar que el “desierto” donde el anuncio de Jesús es necesario. Desierto de alimento material y alimento espiritual. Pero no vale lo mismo un anuncio ideológico, teórico, que un anuncio con autoridad. La autoridad que confiere al predicador una vida y una manera de estar en el mundo que en sí es Evangelio, pues es una Buena Noticia de esperanza que alguien viva de cierta manera en el mundo, y que hable desde su experiencia de evangelio hecho vida concreta. Es lo que vemos en Juan, y es lo que vi en la Misión: el anuncio de una vida nueva por parte de personas que ya mostraban en sus vidas que esa vida nueva es posible.
DESDE LA DENUNCIA PROFÉTICA
(mujer, casada, dos hijos, trabaja en Cáritas)
Juan no predicaba desde una tarima en un club privado, Juan no vestía una chaqueta cara… Juan daba un mensaje que era coherente con su estilo de vida y eso me cala dentro, muy dentro.
Ese estilo de vida austero, sencillo y valiente me parece que nos falta hoy a mares.
Juan es uno de los referentes esenciales en la denuncia profética, se abre para mí como el que optó hasta las últimas consecuencias por vivir lo que anunciaba.
Hace un año, en una ponencia de formación sobre el Derecho a la Alimentación, invité a un gran experto en la materia que nos analizó las causas del hambre y alternativas que podríamos apoyar desde nuestra localidad. Al finalizar la misma, les pregunté a unas jóvenes que asistieron qué les había parecido. Ellas, muy sinceras por su parte, me comentaron que habían descubierto todo un mundo y que les había encantado pero que no les había parecido oportuno que diera esa charla un señor con sobrepeso excesivo y que se había comido un bollicao y dos magdalenas en el descanso.
Me quedé sorprendida porque nunca había valorado la importancia de estos gestos en las charlas, al transmitir un mensaje o impartir una formación… y me acordé de Juan.
Más Juan en mi vida y mi mensaje llegará más hondo… sin duda.