¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA FAMILIA
(matrimonio, ambos trabajan, con tres hijos, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)
A veces en la familia despreciamos cosas que son muy importantes, luego nos damos cuenta y nos duele, pero no aprendemos la lección… Quisiera transmitirle a mis hijos el valor de estas cosas pequeñas que a menudo se desprecian, especialmente el valor de las pequeñas entregas de cada día, como cuando alguien hace algo aunque no le toque, o se come la manzana más fea, o deja que el otro pase primero, o que escoja el programa de la tele. Este Evangelio me hace mirar a Jesús como piedra angular que sustenta nuestra vida y me compromete a vivir la entrega en las pequeñas cosas de cada día como la piedra angular de nuestra familia.
DESDE LA MISION
(hombre, soltero, estudiante, experiencia de Misión, pertenece a comunidad cristiana)
Al tratar de explicar las diferencias entre la vocación seglar y vocación consagrada, son muchas las veces que he oído que la vocación consagrada implica una entrega total a Dios sin reservas. En la experiencia misionera que he tenido recientemente he podido ver esa entrega total. También en esa experiencia me han enseñado que el criterio para caminar como cristianos misioneros es, precisamente, el criterio de totalidad, la kénosis: nos configuramos más con Cristo a medida que vamos “vaciándonos” cada vez más, entregando más nuestras vidas para Dios. Una pregunta resuena en mi interior desde hace tiempo: ¿soy menos misionero que un religioso, menos cristiano?
Desde mi bautismo, esa viña de la que habla la palabra me ha sido entregada a mí también. Con el mismo grado de responsabilidad que a cualquier religioso, pero cuidándola y preparándola de distinta manera, de acuerdo a mi vocación. Esa pregunta de arriba me hiere. Y lo hace porque conozco mi interior, mi debilidad. ¡Qué necesitado estoy de conversión para poder darme totalmente a ti, Señor! En la Universidad, donde hace falta un testimonio creyente valiente y humilde. En mis relaciones personales, para que sean imagen del amor de Dios por sus hijos, especialmente de tus favoritos: los más pobres y necesitados. Ayúdame a responder a esa llamada que hace tiempo siento por involucrarme en la vida pública, no sé cómo, para hacer algo por la sociedad, por los últimos en especial. Ayúdame a cuidar tu viña como tú quieres. Ayúdame a no olvidar tu misión.
DESDE LA DENUNCIA PROFÉTICA
(mujer, casada, dos hijos, trabaja en Cáritas)
Es duro escuchar la última frase en estos tiempos tan grises que nos toca vivir, pues me cuestiono ¿estaré dando los frutos que se esperan en este contexto de crisis? ¿estaré a la altura de esa denuncia profética que vaya a la raíz de las causas del sufrimiento y pobreza de tantos?
Es curioso cómo cambian las perspectivas con los años, cuando era más joven me parecía que la lectura me invitaba a compartir lo material (que en aquella época era tan importante) y sino no sería parte del pueblo que producía frutos.
Actualmente, no es lo material lo que más me aleja de producir frutos sino la denuncia profética, que sé que hará escuchar mensajes que me alejen de amigos y familiares (por ejemplo, defender a los inmigrantes de la valla y criticar las medidas tomadas con las concertinas), que cuestionará estilos de vida (por ejemplo NO cambiar de móvil a pesar de ser gratuito con puntos porque afecta directamente al hambre y explotación en África) y que afectarán directamente a mis hijos (por ejemplo, posicionarme en el consumo de marcas o establecimientos)
Por ello, me sigo preguntando ¿estamos dando los frutos que debemos en este tiempo de crisis?