¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Me imagino que así como a los amigos de nuestros hijos les parecen raras o distintas las costumbres de casa, e incluso se atreven a probar cosas “nuevas” como el melón (a los nuestros les pasa lo mismo a la inversa), el inicio del curso debe ser así, abiertos a las nuevas experiencias, reinventar lo que ya hemos hecho otros años, mirar con otros ojos o por medio de otros lo que ya sabemos. Todo esto nos resulta diferente y muy enriquecedor.
Aceptar la corrección y corregir no está muy de moda pero es imprescindible. ¿Cómo se educa entonces si no hay límites y no existe la perfección? Comprensión, exigencia, amor, ejemplo, perdón, alegría, donación, coherencia… están en la mochila. Es un reto para nosotros sacarlos en este curso que comienza y que reinventamos, sin olvidar la oración y la reunión con Padre Dios, ¡imprescindible!
DESDE EL TRABAJO
(matrimonio, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)
Actuar en silencio y con discreción no está de moda, hay que hacerlo de forma ruidosa, notable, que todos los que están alrededor se den cuenta de que estás haciendo algo bien, o mejor aún, que el otro ha hecho algo mal y tú le reprendes, o le ayudas incluso, pero que se sepa, que quedes bien ante todo el mundo. Es que pensamos siempre antes en nosotros que en el otro, no es que no queramos ayudar al compañero sino que queremos sacar partido de la situación.
Yo no solía caer en esto cuando tenía que corregir a algún compañero de trabajo pero es cierto que con los años he ido cayendo cada vez más. Esto es a nivel laboral porque a nivel de comité de empresa no suelo actuar así, y en esto me denuncia el Señor con esta lectura, debo estar más atento y actuar con discreción.