¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, con dos hijas, de baja laboral, enferma de cáncer)
¡Qué grande es el campo que tenemos que sembrar hoy en día! Tan grande que hay tantas semillas como malas hierbas. Desde nuestra condición humana, nuestro primes instinto sería aniquilar esas malas hierbas para que la semilla creciera sin problemas, de la misma forma que los campesinos propusieron al señor. Sin embargo Jesús nos dice en esta parábola, que debemos aprender a con-vivir con todo lo que nos rodea. Qué facil sería vivir sin problemas al lado, sin ese familiar que te hace sufrir gratuitamente, sin el vecino que critica tu forma de vida, sin tu jefe, sin políticos, sin guerras, sin enfermedad…….
Pero seamos auténticos, nuestra misión en este mundo es vivir conforme a nuestro principal mandamiento, que no es otro que el amor a los demás. Ese amor hace y conseguirá que el mundo cambie desde dentro. Pensemos en todas las personas que viven dedicadas a los demás, sea el campo que sea. ¿Verdad que siempre nos encontramos con gentes entregadas? Eso es lo importante y debemos tener ojos para verlo, y corazón para reconocerlos.
DESDE LOS SIN TECHO
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
En la realidad de las personas sin hogar no es fácil encontrar el fruto de la buena semilla. La cizaña, disfrazada de indiferencia, soledad, desidia de las administraciones o desprotección, es capaz de acabar por sí sola con cualquier atisbo de esperanza. Sin embargo, el haber sido testigo de recuperaciones increíbles, me ayuda a confiar ciegamente en el evangelio y a no ceder a la tentación de abandonar. Puedo dar fe de que, en situaciones en las que parecía que todo estaba perdido, la obra de Dios ha emergido por encima de las dificultades. Así, he visto cómo una toxicómana en fase terminal, que literalmente se arrastraba por las calles, ha encontrado trabajo y disfruta ahora de su hogar. Cuento también con orgullo cómo un ex convicto, con una vida totalmente desestructurada, colabora en un programa de ayuda a la reinserción de personas, cuyo presente se asemeja enormemente al que para él es ahora su pasado. Puede que esto no convenza a los incrédulos, pero yo las vivo como signo de la manifestación del Reino de Dios en nuestras vidas.