¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
El Sembrador siempre hace que caiga la semilla, sobre la tierra, sobre nuestro campo. Pero nosotros no la dejamos a veces dar fruto, por circunstancias diversas…
Para actuar y hacer vida el Evangelio de esta semana, la propuesta es:
-Identificar: Miremos en qué ocasiones la semilla cae a lo largo del camino (la indiferencia, el estar encerrados en nosotros mismos…). Pensemos por qué la dejamos que caiga ahí, dónde los “pájaros” la arrebatan… Identifiquemos qué “piedras” (los miedos, las tribulaciones, las persecuciones, la superficialidad… ) son las que impiden a la semilla de la Palabra echar raíz en nosotros. Y cuales son las zarzas (las preocupaciones del mundo, los afanes de la vida, las riquezas, el placer, el poder…) que la ahogan (porque producen esclavitud). Los podemos anotar y dejarlos en nuestra Biblia, para poder llevarlos a la oración y desde ella encontrar las claves para que no nos siga sucediendo, con ayuda de Dios.
-Dar fruto: Cada día al terminar la jornada, revisemos los frutos que dimos por permitir a la Palabra caer en el “lugar adecuado”. No seamos nosotros de aquellos a los que se les ha embotado el corazón y viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden. Seamos de aquellos que oyen la Palabra y la comprende, se esmeran en dar fruto y producen…
-Confiar: Es lo que Jesús nos transmite con esta parábola, la confianza de que el Reino se manifestará, triunfará… Habrá fruto, a pesar de los obstáculos en la “siembra”. En este tiempo en el que lo que cuentan son los resultados rápidos, podemos desanimarnos y creer que el Evangelio sirve de poco. No nos desanimemos. El fruto llegará. Tengamos esperanza. Y seamos responsables para disponer de manera adecuada de la tierra que somos, sin frustrar la siembra.