¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE EL TERCER MUNDO
(matrimonio con un hijo, voluntarios de ONG en país musulmán, trabajan en la misión, pertenecen a comunidad cristiana)
Hacer nuestros estos valores que transmite Jesús es un reto difícil. Hay que derribar barreras ideológicas y prejuicios, que no nos ayudan a acercarnos a los pobres y excluidos como iguales, como hijos de Dios que tienen los mismos derechos, y poder anunciar que el Reino de Dios está cerca y es buena nueva para todos.
En la sociedad de hoy los pobres y excluidos viven rodeados de violencia y sumisión al poder, y se hace urgente y necesario que trabajemos de forma alternativa, transmitiendo que es posible hacer las cosas de otra manera, desde el pacifismo y la humildad. Para ello no podemos alejar la mirada de Jesús, tenemos que ser fuertes en la fe y decididos en el actuar, para no dejarnos llevar por las cosas de este mundo y poder dar descanso y alivio a muchos que lo necesitan.
DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Hay épocas o días en que los niños nos ven cansados y agobiados -¿Por qué tarda tanto papá? ¿Has tenido algún contratiempo? ¿Estás molesta porque estás cansada, verdad?- En familia somos como vasos de agua transparente y es difícil ocultar los problemas. Nuestra experiencia nos muestra que a los hijos lo mejor es explicarles de forma sencilla la situación, en función de su edad, para que entiendan que no es nada con ellos, que no estamos enfadados con ellos, e implicarlos en la vida real. Hay tiempos de enfermedades, de dificultades en fechas en los trabajos, de sequía y desierto en la pastoral que cada uno intenta realizar siguiendo a Jesús, hay tiempos…y todos pasamos por alguno. Que Jesús nos ofrezca un refugio para descansar, su yugo de amor para seguir adelante, que se ofrezca como ejemplo en mansedumbre y humildad de corazón, nos da fuerza para seguir adelante. Porque es verdad que “no hay rosa sin espina”, pero también “que no hay espina sin rosa”.