SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LOS NECESITADOS
(mujer, casada, voluntaria de Caritas Parroquial, pertenece a movimiento seglar)

“Estaban los discípulos en la casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos”.
Los discípulos temen que a ellos les suceda lo mismo que a JESUS y por eso cierran las puertas. El miedo tiene sus raíces en la muerte y el hombre hace todo lo posible para evitarla. Cristo pasa a través de las puertas cerradas lleno de vida y les da su Paz, asegurándoles que ya nada tienen que temer porque El estará con ellos, y su amor traspasa todos los cerrojos que el miedo impone. Ellos entonces se llenan de alegría.
“Les enseño las manos y el costado”.
Sus heridas nos curaron, por eso vuelve al Padre con las llagas como signo de salvación, intercediendo o rezando por cada uno de nosotros, para que lleguemos a esa salvación.
“Recibid el Espíritu Santo”
El Espíritu Santo insuflado sobre los discípulos es lo que les da la fuerza para vencer el miedo y salir a proclamar la Buena Nueva de Jesucristo Resucitado.
Nosotros lo recibimos por primera vez en el bautismo, luego en la confirmación y cuantas veces se nos impongan las manos , pues todo lo hacemos ” En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo”. Es una pena que no seamos conscientes de esa grandeza y repitamos esa frase tantas veces sin darnos cuenta de lo que decimos.
El Espíritu Santo, el Consolador, es quien nos envía a la misión, a salir de nosotros mismos para darnos a los demás. Porque El Espíritu de la Verdad, nos convence de que el amor y la entrega es lo que da la felicidad, de que el resultado del sacrificio y de la muerte es la resurrección , de que la renuncia y la dureza de la prueba se superan con el consuelo que sólo puede dar al corazón humano el Espíritu Consolador.
El Espíritu Santo que es el amor eterno entre el Padre y el Hijo, nos introduce en la vida de Dios, y nos abre a la entrega al prójimo.
No nos quedemos mirando al cielo y acerquémonos a los que sufren para llevarles consuelo y esperanza, y hacerles caer en la cuenta de que en medio de sus necesidades esta Cristo Vivo que nunca los abandonara.

DESDE LA ALEGRIA COTIDIANA
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Y llega el final de la Pascua. Pascua que he vivido con mucha intensidad, celebrando con alegría lo dichosa que me he sentido al ser transformada mi vida por AMOR. Por el Amor de nuestro Señor Jesucristo, que murió por mí, por nosotros, por los pecados del hombre. Murió por PASIÓN-AMOR a nosotros.
Durante estas semanas, en su Palabra el señor nos ha ido preparando para su partida. Nos ha ido enseñando el camino que tenemos que seguir, con Fe, porque no estamos solos.
Mientras iba leyendo el Evangelio, las palabras que iban resonando en mi corazón eran “la Paz esté con vosotros”. El Señor al principio se encontró con unos discípulos temerosos, escondidos por miedo. Así me siento yo muchas veces ante las dificultades, los problemas. El temor me invade. Pero entonces busco encontrarme con mi Señor, para que me dé su PAZ. Una Paz que me reconforta, me calma, me hace sentir segura. Una Paz que me da fuerzas y que me transforma para ser capaz de seguir adelante en el día a día.
Y entonces mi corazón se llena de alegría, porque me siento capaz de salir de mi escondite, de mi refugio.
Y ahora, además el Señor Resucitado me/nos ENVÍA, igual que el Padre lo envió a Él. Me envía a transformar la vida de los que me rodean siendo luz y esperanza en medio de la crisis, del dolor, del miedo y la desesperanza. Porque con el Señor como centro, otro mundo es posible, un mundo donde el Amor sea lo que nos impulse, un mundo donde lo importante sea el prójimo.
Y como prometió para esta misión no nos deja solos, ÉL vuelve al Padre pero nos da la fuerza de su Espíritu. Él será la fuerza que a partir de ahora nos guíe, nos mueva en nuestro caminar. La fuerza que dé a nuestras vidas sentido, porque su promesa fue clara:
“Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”
¡Feliz Pentecostés


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