¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA CIENCIA
(hombre, soltero, profesor de universidad e investigador, pertenece a movimiento seglar)
La mayor parte del texto del Evangelio está dedicado a explicar los antecedentes de la resurrección de Lázaro: Que si Lázaro enferma, que si Jesús retrasa su viaje a Judea… Pero me asombra el poco espacio que se le dedica a la resurrección en sí. Sólo al final de texto Jesús grita con voz potente “Lázaro ven afuera” y el muerto sale. Como si fuese la cosa más normal del mundo. Me pregunto si hoy alguien hace resucitar a un muerto qué pensaríamos de él (o ella). Supongo que lo primero es indagar si realmente estaba muerto o si estaba en un estado vivo pero con el corazón sin latir. Después vendrían los interrogatorios al muerto: qué le pasó, dónde estuvo, si vio un túnel y una luz blanca al final…
Nuestra mentalidad es muy diferente a la de aquellos judíos de la época de Jesucristo y a la de aquellos primeros discípulos que dejaron escrito el mensaje de Jesús en los Evangelios. Nosotros nos perdemos en los detalles que nos llaman la atención pero que no son lo importante. La escena, aunque llena de momentos muy humanos, es extremadamente espiritual. Jesús resucita a Lázaro por el cariño que le tiene y a través de su relación con el Padre. Y muchos judíos creyeron en Jesús. Me pregunto si nosotros también creeríamos si viésemos algo semejante.
Y lo de Lázaro no fue una “resurrección”, sino un “revivir”. Porque Lázaro volvió a vivir con su misma carne y, aunque no lo cuentan en los Evangelios, se supone de más adelante volvería a morir, para ir definitivamente a la casa del Padre.
DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, trabajan ambos, una hija, participan en encuentros conyugales de su parroquia)
Los padres tenemos que guiar, alumbrar el caminar de nuestros hijos y con ellos también el nuestro, pero ni se puede, ni conviene estar tan encima de ellos que les impidamos tener su propia luz, porque entonces seremos su sombra. Tenemos que dejarles con la edad, su creciente espacio, su autonomía e incluso cuando veamos de su mal caminar, saber esperar el momento adecuado, estando siempre vigilantes, para acudir en su auxilio y apoyo. Dios nos da la grandeza del don de la vida, damos vida a nuestros hijos, daríamos nuestra vida por un hijo o familiar, pero nuestra condición es de mortales, de pasajeros en este mundo, donde también habrá lagrimas y desalientos. Orientemos nuestra mirada confiando en Dios, puesta en nuestros hijos en el caminar, Dios nos conoce a cada uno, sabe de los obstáculos o frentes que que tenemos que sortear pero seamos fuertes, tengamos confianza porque Él es la Vida y Esperanza para siempre, en nuestro día tras día.