¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA CIENCIA
(hombre, soltero, profesor de universidad e investigador, pertenece a movimiento seglar)
Vivimos en un tiempo en el que la obesidad y el sobrepeso son un problema importante en los países desarrollados. Comemos y bebemos más de lo que necesitamos para vivir y por eso nuestro peso aumenta. Y cuanto más comemos parece que crece nuestro apetito. Además los fabricantes de alimentos les echan productos para que al comerlos, lejos de saciarnos, nos estimulen el deseo de comer más.
Que contradicción con el mensaje de Jesús, que nos ofrece una bebida que aquel que la beba no volverá a tener sed. Y esa bebida no tiene burbujas ni colores raros. Ni siquiera alcohol. Es limpia, transparente, no tiene sabor ni olor. ¡Y tampoco cuesta dinero!. Es agua. Pero un agua especial. Un “agua” espiritual. Y también su propio alimento es un poco especial: hacer la voluntad del Padre.
El alimento material es necesario, sin él morimos. Pero el alimento espiritual también es necesario. Sin él nos morimos, pero con una muerte distinta. Una muerte en la que el cuerpo domina al alma, en la que la voluntad queda anulada por el deseo, en la que lo material se convierte en lo absoluto. La vida deja de ser hermosa y perdemos las ganas de vivir.
Cuidemos un poco el alimento material, pero cuidemos que no nos falte nunca esa agua y esa comida que Jesús nos ofrece.
DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, trabajan ambos, una hija, participan en encuentros conyugales de su parroquia)
La familia no es un círculo cerrado, marido, mujer e hijos, tienen que ser un ejemplo de hechos en el camino de la vida para con los demás y sin distinciones o prejuicios. Para el buen caminar de la familia es fundamental entre sus miembros saberse escuchar, tener paciencia, ser comprensivos y apoyarse, sin que el cansancio del día a día con sus problemas nos desalienten. No nos animará o servirá ni el mejor descanso, la mejor celebración o comida… porque es fundamental que también cultivemos y alimentemos nuestro interior espiritual y sin dudarlo que para ello, tenemos siempre a Dios que nos guiará y protegerá, dándonos la esperanza, el aliento y alegría necesaria en nuestro caminar. Debemos transmitirlo y fomentar en nuestros hijos y juntos en familia ser testimonio de Dios con nuestros hechos para tener una vida más plena y auténtica desde ya.