¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA CIENCIA
(hombre, soltero, profesor de universidad e investigador, pertenece a movimiento seglar)
Aparecen en este pasaje dos personajes “no materiales”: “el tentador” (el diablo) y los ángeles. Ante estos personajes no surgen desde nuestra mente racional y científica algunas preguntas: ¿qué son?, ¿cómo se materializan, o dicho de otra forma, cómo se hacen presente en nuestro mundo estos seres no materiales?. O tal vez nos surja la pregunta fundamental: ¿existen?.
Desde luego desde la ciencia es imposible responder a estas preguntas, puesto que la Ciencia trata sólo con la materia y las matemáticas y ni el tentador ni los ángeles pertenecen a ninguno de estos dos grupos. Pero detenerse, 2000 años después, a intentar descifrar qué son estos personajes, cómo se le aparecen a Jesús y cuál sería su apariencia es separarnos de lo importante. De hecho el evangelista los presenta con total naturalidad y no da más detalles porque entenderá que no hace falta darlos.
La curiosidad de saber la apariencia externa del diablo, o cómo los ángeles servían a Jesús debería quedarse ahí, sólo en curiosidad. Hacer de esta curiosidad lo central de este pasaje es perdernos toda la grandeza del mensaje que se contiene en él. Sería mucho mejor en descubrir las formas con las que el diablo y los ángeles se presentan en la sociedad de hoy, a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos; las tentaciones que nos asaltan, “las hambres” que nos debilitan y, teniendo presente la respuesta de Jesús, sepamos dar una respuesta acorde a nuestra fe siguiendo el ejemplo de Jesucristo.
DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILA
(matrimonio, trabajan ambos, una hija, participan en encuentros conyugales de su parroquia)
Vivimos rodeados de tentaciones (comodidad, individualismo…) y muchas se nos presentan perfectamente disfrazadas como necesarias o imprescindibles (el mejor móvil cada año, juegos, ordenador, ropa de marca, gran coche…) y si estas nos afectan individualmente, pues en mayor medida al matrimonio, a la familia, donde unos debemos de cuidar o velar por los otros y con mayor atención a los hijos que necesitan de nuestra protección y educación. Establezcamos unas prioridades o clara jerarquía de valores que nos ayuden a priorizar en lo realmente necesario para nuestra vida diaria, para lo cual Dios debe presidirla y diseñar esta escala. Que sea esta la guía para nuestra familia e hijos, y donde las tentaciones, en su espiral infinita, no puede tener cabida porque siempre querrán más y más… Las tentaciones del “Yo primero, y después también Yo” no entran o sirven a la familia, donde debe presidir la generosidad y entrega desinteresada del matrimonio.