¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
De vez en cuando, conviene revisar nuestro “almacén de reglamentos y leyes”, no sólo los de la sociedad que nos rodea, con la que podemos estar más o menos de acuerdo. Seguro que podemos encontrar opciones intrínsecamente nocivas también en los nuestros. Somos propensos a desvirtuar el mensaje de Jesús con mucha facilidad, adaptándolo a nuestras conveniencias y a la frivolidad a la hora de juzgar.
La única Ley verdadera es la Palabra de Dios encarnada, Jesús. Si vivimos sus Palabras, si nos enraizamos en Él, si somos “Palabras vivas”, esto provocará un cambio de mentalidad en nosotros: nos liberará de condicionamientos humanos, nos infundirá alegría, paz, sencillez, plenitud de vida, luz…
Decía San Agustín: “Ama y haz lo que quieras” ,sintetizando la norma de vida evangélica, porque amando no nos equivocaremos, cumpliremos de lleno con la voluntad de Dios.
Por eso, es mejor no complicarnos mucho, tengamos como “palos que forman nuestro sombrajo personal” los imprescindibles, aquellos que tengan como única premisa salvaguardar el Amor.
Seamos tolerantes con las opciones de cada cual, sin prejuzgarlos, anteponiendo la caridad cristiana a todo lo demás.
No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los dias que nos han tocado vivir, intentando extirpar el mal en esos campos que conocemos, optando cada dia más, por esa radicalidad evangélica que concibe las cosas distinguiéndolas como buenas o malas, si en ellas falta o no el amor.
Así pues, vivamos la Palabra, eso nos hará libres y puros, porque es amor, y “saber cortar” enseguida con aquellas cosas que intuímos nos pueden apartar de Dios. Repitámonos a menudo “Señor, Tú eres mi único bien”, cuando queramos desterrar de nuestro corazón aquellas actitudes o tentaciones que nos hacen apartarnos del Amor.