(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
La verdad es que nuestros hijos están en unas edades de sed por aprender. Disfrutan con sus pequeños retos en función de sus habilidades y cuando los consiguen manifiestan una alegría contagiosa. Así, se regocijan cuando aprenden la tabla periódica o la historia de las civilizaciones; saltar a la pata coja; la tabla de multiplicar; a leer y escribir una letra nueva, o a caminar. Como en todo, ves que al principio tienen sus pequeños fallos, y a veces incluso desánimo, pero también en estos casos se vuelven a levantar, y con más ganas aún. Y claro que también hay que fomentar su vida espiritual. Ante esta actitud por conocer, nosotros vamos sembrando pequeñas semillas: ir con ellos a misa, tomar su catequesis como algo importante en su proceso de crecimiento (no sólo para hacer la Primera Comunión, sino tomándolo como una continuidad, empezando antes de lo “exigible” y continuando con Post-comunión, preadolescentes,…), contarles historias de la Biblia, rezar con ellos por la noche, bendecir la mesa, transmitiéndoles lo que nos pregunten acerca de Dios… Nos gustaría que se fueran saciando de la sed de Dios y que bebieran del agua viva de la salvación. Mamá, Papá, ¿verdad que nunca nos morimos?