DESDE LAS RELACIONES PERSONALES

(matrimonio,trabajan ambos, pertenecen a grupo cristiano)

Cuánto bien nos hace, ver que Jesús habla con la samaritana, sin tener en cuenta que los judios no se hablaban con los samaritanos. Cuánto bien nos hace, ver como rompe “el muro”, acercándose a ella para pedirle agua y ofreciéndole “agua viva”, para que no vuelva a tener sed.
Nuestro mundo personal y social, es muy pequeño, muy reducido. Cuando llega “algo de fuera”, desconocido, nos da inseguridad. Incluso si ese otro “algo” son personas como nosotros, a los que solo les diferencia una cultura, un color de piel, un estatus social, una ideología política…
Por experiencia sé que cuando aprendes a escuchar a esas personas, cuando saltas ese primer escalón para decir “dame de beber”, cuando comienzas a relacionarte, abriendo tu entendimiento, tu aceptación, tu comprensión… comienzas a dejar de “sentir la sed”, la sequedad que causan los posicionamientos cerrados, que habitualmente tenemos. Comienzas a sentir más libertad, porque rompes la propia coraza formada por tus ideas preconcebidas, por tus rancias convicciones, que crees que forman parte de ti desde siempre (verdades absolutas) cuando no son más que el efecto del azar de un momento y un lugar (verdades relativas) Comienzas a saberte hecho de la misma materia que el otro ser humano y a sentir que en su misma situación probablemente tú no serías muy distinto…
Gracias al gesto de acercamiento, muchos samaritanos creyeron, supieron que Él era el Salvador del mundo. Útil ejemplo para la evangelización en nuestros días.


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