(mujer,casada,con dos hijas, de baja laboral, enferma de cáncer)
Es verdad que Dios elige a las parsonas para manifestarse de alguna manera especial, de ahí que muy pocos hayan tenido una experiencia mística de Dios. Sin embargo, nosotros, los que intentamos llevar una vida auténtica con aquellos preceptos en los que verdaderamente creemos,podemos ver algo de esa transfiguración de Jesús.Yo, personalmente disfruto de un sosiego y una sensación de bienestar después de rezar, después de compartir la eucaristía con mi comunidad, y también después de ayudar a los demás y dar lo bueno que hay en mí a aquellos que más lo necesitan. Se experimenta la paz del deber cumplido. Puedo imaginar “el cielo” en el que están viviendo aquellas personas que entregan su vida por los demás, por los más desfavorecidos, y desde mi posición los envidio, porque ellos también son privilegiados de poder vivir esa transfiguración diariamnete.
Me llama también poderosamente la atención, la naturalidad con la que Jesús habla de su pasión y resurreción y me ayuda a pensar de una manera mas positiva sobre la muerte, a verla como la recompensa de toda tu vida, la felicidad de estar con Dios.